HISTORIA DETRÁS DE BOTV:
TRAS EL DESCANSO QUE SE TOMARON TODOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE LEAH BLOOMBERG Y CON EL OTOÑO A LA VUELTA DE LA ESQUINA, NUESTROS CHICOS ESTÁN CON MÁS ENERGÍA QUE NUNCA PARA DEJAR ATRÁS EL VERANO SÓLO PARA LOS SOÑADORES Y TURISTAS, Y EMPEZAR DE NUEVO SUS VIDAS EN LA REALIDAD. UNOS SE ADENTRAN EN LA FANTÁSTICA VIDA UNIVERSITARIA Y OTROS, HACEN MALETAS PARA EMPEZAR DE CERO NUEVOS TRAYECTOS. PERO NO, ELLA SIGUE AQUÍ CON NOSOTROS. OS SEGUIRÁ INFORMANDO DE TODO LO QUE VE Y OYE, PORQUE SABE QUE SE GUARDAN MUCHOS SECRETOS TRAS LA MUERTE DE LEAH, Y LA ALTA SOCIEDAD LUCHARÁ Y LUCHARÁ HASTA QUE ALGUIEN CAIGA. PORQUE EN EL UPPER EAST SIDE, LA VANIDAD ES LO PRIMERO. BIENVENIDOS DE NUEVO A INCOGNITO.
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And the only sound is a minute left {Matthew}

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And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Vaitihare I. Wright el Mar Jul 05, 2011 5:26 pm

Viernes por la mañana, ultimo día de clase de la semana. El día tan ansiado por la gran mayoría de jóvenes desde que la semana comenzaba. El reloj comenzó a sonar pero la rubia lo apagó de un golpe brusco mientras balbuceaba algunas palabras. No quería ir, no tenía ganas de poner un pie en el suelo aquella mañana pero sabía que debía hacerlo como también sabía que debía dejar de ver aquellos programas de televisión que hacían a las tantas de la madrugada. Arrastró su cuerpo por las sabanas y salió de la cama aun con los ojos cerrados, maldiciendo a aquel humorista que la mantenía despierta con sus chistes baratos. Se metió en la ducha y se arregló lo mejor posible, tenía demasiada prisa como para pasar tiempo de más haciéndole un bonito recogido a su pelo o maquillando su rostro. Ese día tan solo se peinó la melena y se puso un vestido color canela para aprovechar aquel soleado día que asomaba por su ventana.

Lanzó un vistazo al reloj del salón, un ultimo vistazo ya que, al ver la hora que este marcaba, se alarmó. No iba a llegar pronto, perdería la primera clase y eso era algo que no podía permitirse. Sobre sus pequeñas manos había más de tres pesados libros, no tenía tiempo para coger la mochila y preparar su almuerzo. Cogió algo de dinero y salió corriendo de su apartamento hacia la parada de autobús, en espera de que la aburrida mañana pasara con rapidez.
Cada día la misma historia, las mismas prisas y el mismo suspiro de alivio al subir al bus que estaba allí parado, como si la esperase únicamente a ella. Pero aquel suspiro fue sustituido por una cara de sorpresa al ver como el gran vehículo se ponía en marcha sin ella dentro. Intentó que sus pasos fuesen lo más rápidos posibles pero su misión falló y lo único que pudo hacer fue quedarse sentada durante unos minutos en la parada de autobús, lamentándose por haberse levantado tan tarde.

Pensó, por alguna razón, que si corría quizás alcanzase la próxima parada más cercana pero su velocidad no era nada comparada con la del vehículo. Si es cierto que corrió, corrió durante un largo rato con desesperación pero no llegó a su destino deseado y sabía que no llegaría por mucho que lo intentara. Dejó de correr en mitad de la calle, respirando con agitación después de ese gran esfuerzo al que no estaba acostumbrada. Debía apuntarse al gimnasio, lo sabía, lo tenía claro desde el mismo momento en el que piso Nueva York. No quería echarse a perder, ella siempre había sido la más deportista de todas pero ahora estaba perdiendo toda la resistencia que había ganado a lo largo de los años.

Algo cabreada por la situación se pidió un café y un bollo de crema en uno de esos puestos atendidos por un señor mayor con un delantal de color azulado que había en mitad de la calle y caminó hasta Central Park. No había acudido a la primera clase cuando esta era una de las más importantes pero no se permitiría dejar pasar la mañana como si nada, malgastandola delante de aquella caja tonta. Pensaba estudiar, tirada en el césped y con la luz de la mañana y el canto de los pájaros. Podía no sonar a un gran plan para un viernes por la mañana pero siempre era mejor aquello que estar encerrada entre cuatro paredes escuchando una larga charla que luego debería estudiarse ella misma en su casa del libro. Si tenía alguna duda, cosa que dudaba, siempre podía pedir ayuda a sus compañeros.

Se sentó sobre el césped, alejada de los niños que jugaban entre ellos con un balón de fútbol, y abrió su libro deseando que el tiempo pasase rápido y aquello le resultase más a meno de lo que parecía que le iba a resultar. Dio un sorbo al café y un ultimo mordisco al dulce bollo que se había comprado instantes atrás y comenzó a adentrarse en la maravillosa historia de la economía mundial.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Matthew H. Woodward el Miér Jul 06, 2011 10:11 am

Aquel día se había permitido levantarse un poco más tarde después de haber abandonado la oficina cerca de las doce de la noche del día anterior, cuando los demás se habían marchado sobre las seis de la tarde que era cuando, en teoría, terminaba su horario laboral. La mayor parte de los días Matthew abandonaba el último el edificio en el que trabajaba y estaba allí mucho antes de que los demás se incorporasen a su puesto de trabajo. Aquel día era diferente puesto que, debido a que hasta las doce no tenía la primera reunión, había decidido dormir hasta más tarde. De todas maneras, nada más despertarse y encender su Blackberry descubrió varios emails y llamadas que debía responder. Otro en su lugar habría pasado por alto todos aquellos intentos de ponerse en contacto con el y habria proseguido con su idea de disfrutar de una mañana tranquila. Matthew no es de ese tipo de personas. Respondió los emails más importantes antes de darse una ducha y devolvió un par de llamadas mientras sacaba el traje de color gris oscuro que se pondría ese día y lo extendía sobre la cama ya perfectamente hecha. Descansó el tiempo necesario para vestirse y recibió una nueva llamada mientras se anudaba la corbata alrededor del cuello. Respondió al teléfono mientras se ponía la chaqueta del traje y caminaba hacia la puerta de su apartamento. Tomó las llaves del coche y salió de su domicilio después de cerrar la puerta mientras hablaba por teléfono. Conectó el manos libres en el coche, consciente de que aquella no sería la última llamada que debería atender antes de llegar a la oficina.

La ciudad estaba imposible aquel día y mucho más si hablamos de encontrar sitio para aparcar el coche. Después de media hora de dar vueltas y de soltar toda clase de maldiciones, Matthew decidió aparcar su vehículo al otro lado de Central Park y cruzar el parque andando en dirección a su oficina. La idea no le emocionaba demasiado, pero era lo único que podía hacer en aquel momento. No podía evitar pensar que, de haber ido a trabajar a la hora de siempre no habría encontrado atascos y habría podido aparcar, sin mayores problemas, a la puerta del edificio. Aprovechó el paseo obligado por el parque para desayunar, algo que no había hecho en casa, si es que podía llamarse desayunar a comprar un café solo, bien cargado y sin azucar, en un puesto ambulante que encontró a la entrada del parque.

A pesar de que no era demasiado tarde, Matt no era el único que se encontraba en el parque a aquellas horas. Algunas personas se dedicaban a hacer ejercicio, otros paseaban tranquilamente, había gente leyendo a la sombra de los enormes árboles... Tomó un sorbo de su café cuando el teléfono volvió a sonar, una vez más. Esta vez se trataba de su secretaria que llamaba para avisar de que la reunión que tenía a las doce se había retrasado hasta la una del mediodía. Suspiró frustrado pero le quitó importancia, sabiendo que su secretaria no tenía nada que ver con aquello y que solo era la portadora de las noticias.

-Muchas gracias, Sophie. De todas maneras llegaré a la oficina en un rato. Si el señor Howard llama de nuevo, dile que le llamaré en cuanto llegue.

Colgó el teléfono y lo guardó en el bolsillo interior de la chaqueta de su traje y tomó un sorbo más de su café. Fue en aquel momento cuando reconoció una figura familiar sentada a la sombra de un árbol, leyendo lo que parecía un pesado libro. Su relación con la rubia camarera nunca había sido demasiado cordial por algo que él no comprendía. Habían coincidido en más de una ocasión en el bar en el que ella trabajaba y siempre había sido bastante desagradable con Matthew. No era que el moreno esperase caerle bien a todo el mundo, lo unico que intentaba era comprender el por qué de aquella situación.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Vaitihare I. Wright el Miér Jul 06, 2011 11:00 am

Que si la economía había decaído de tal siglo a tal siglo, que si luego había subido gracias a nuevas leyes y organizaciones... Todo un lío, un lío que a nadie le apetecía estudiar de buena mañana, pero allí estaba ella con toda su buena fe, frente a un libro que podía llegar a pesar más que ella. Demasiada información para su cabeza, demasiados datos que le parecían sobrantes y se dedicaba a tachar delicadamente con el lápiz que sujetaba en su mano izquierda. ¿Para qué tanta información? Luego acabaría olvidándose de la gran mayoría de cosas, siempre había pensado que aquello era absurdo, que te hacían memorizar datos que no ibas a necesitar nunca más a lo largo de tu vida pero ese era un pequeño fallo de la educación; se empeñaba en que todo el mundo estudiase hasta la ropa que se llevaba hacía miles de años atrás. No estaba segura de si eran conscientes que dentro de unos años todo aquello llegaría a ser demasiada información que almacenar en un cerebro demasiado pequeño.

Una avispa captó su atención. Volaba al rededor de su pelo rubio haciendo aquel ruido zumbante que todos tan bien conocían. Ella se mantuvo quieta, mirándola expectante. Diciéndose en su interior que no la iba a picar, que se marcharía sin más porque ella no la había molestado. El pequeño insecto se posó frente a los tres libros que había dejado sobre el césped frente a ella y se quedó allí, quieto, inmóvil, sin causar ningún sonido. La chica alargó su brazo y cogió el café para darle un sorbo sin quitar la vista del insecto que parecía mirarla con falsa curiosidad, esperando que hiciese algún movimiento brusco para atacarla. Pero no se movió, se quedo anonadada mirando los ojos de la avispa. Sonrió agradecida por tener algo con lo que distraerse pero su sonrisa cambió de inmediato a un rostro de preocupación cuando el insecto voló hacía su brazo y se posó allí con total normalidad. Guardó la calma. Ella era fuerte, una simple picadura de avispa no era nada para ella.
A penas respiró durante un minuto entero hasta que al insecto de rayas amarillas y negras le apareció desaparecer del lugar dejando a la chica volver con su aburrida rutina.

Volvió a sumergirse en su libro, pero esta vez algo más distraída. Pintando árboles en las esquinas de las páginas, hojas con mariquitas tomando el sol, incluso se atrevió a dibujar a la pequeña amiga que acababa de hacerle una visita. Suspiró. Estaba cansada, necesitaba dormir pero sabía que no era posible. Dio un largo trago a su café, dejando el vaso casi por la mitad de su capacidad, y se centró en el libro. ¿Qué pensaría su padre de ella? Su pequeña princesa estudiando economía, su niña del alma perdida en Nueva York viviendo con una desconocida y llegando con el dinero justo a fin de mes. Estaba loca, totalmente loca por elegir esa vida pudiendo estar rodeada de armarios repletos de ropa, grandes fiestas con las que todo el mundo sueña y cada capricho que se le pueda pasar a alguien por la cabeza.

La mirada comenzaba a fallarle y las letras se mezclaban unas con otras. Levantó la vista del libro para tomarse su primer descanso y observó de nuevo el parque. Eran tan grande, había tanta gente... Allí habrían ocurrido tantas historias apasionantes, tantos amantes buscando un lugar seguro en la noche, tantos adolescentes descubriendo esa sensación de mariposas en el estómago... Incluso algún que otro asesinato. Tantas historias que ella nunca sabría. Achinó los ojos al vislumbrar una figura conocida a lo lejos. Matthew. Se trataba de él. De el joven productor de cine y televisión del que todo el mundo hablaba. Se extrañó al verle solo, sin una familia perfecta a su alrededor. O quizás una acompañante con pechos exuberantes y un vestido provocativo. Le miró durante un largo rato, esperando a que sus vistas se cruzaran. Estaba tan desesperada que no le importaría molestar un poco al tipo rico que paseaba casualmente por allí. Cuando al fin el chico se digno a mirarla esta le saludó con un coqueto movimiento de brazo y puso una sonrisa falsa en su rostro, fingiendo estar contenta de verle por allí. Aunque no sabía si él había sido consciente de que tan solo le había saludado con sarcasmo, tratando de que el productor notase como forzaba sus labios para mostrar su dentadura.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Matthew H. Woodward el Miér Jul 06, 2011 9:51 pm

Matt estuvo a punto de dejar escapar una sincera carcajada al observar los movimientos algo exagerados de aquella rubia que parecía decidida a odiarle. Por el contrario se limitó a esbozar una simple sonrisa, sincera y casi divertida. Él nunca había sido desagradable con Vaitihare y los motivos que podría haber encontrado ella para odiarle escapaban a su comprensión. Tal vez había hecho algo que la molestara sin darse cuenta, pero nunca le había preguntado a aquella rubia camarera que era lo que encontraba tan molesto de su presencia. Sí, Vaitihare despertaba su curiosidad y su interés. No porque creyera que a todo el mundo debía gustarle todo el mundo, sino porque no comprendía los motivos que la impulsaban a querer molestarlo casi a todas horas. Él la había visto tratar con más clientes en el bar y no es que fuera toda sonrisas y dulzura, pero a la mayoría de ellos no les miraba con odio contenido ni se pasaba el rato contestándoles de mala manera.

Su teléfono volvió a vibrar en el interior de la chaqueta de su traje y la sacó para responder un nuevo mensaje, en esta ocasión, de su hermana pequeña para anunciar que sus exámenes acababan de comenzar y que se enfrentaba a unas semanas duras de estudio. La relación de Matt con su familia siempre había sido muy estrecha y, a pesar de que ahora no vivieran todos juntos, el contacto entre ellos era constante. Volvió a guardar el molesto e indispensable aparatito y miró de nuevo a la rubia, esperando algún tipo de contestación a su comentario.

-Te vas a hacer daño si sigues sonriendo de esa manera –comentó el chico con tranquilidad y esbozando una ligera sonrisa, bastante divertida.

No sabía si acercarse a ella o no. La verdad era que nunca habían mantenido lo que la gente denomina una conversación normal y que el recordara era la primera vez que se encontraban fuera del lugar de trabajo de la joven rubia. Además, ella parecía estar estudiando y tampoco quería molestarla. Se limitó a saludar con el brazo de manera casual antes de darle un último sorbo a su café y tirar el envase vacío en una papelera cercana. Terminó por decidirse y, después de asegurarse de que no era excesivamente tarde y podía entretenerse un poco más, se acercó a la muchacha unos pasos, aunque no demasiado, lo justo para que ella pudiera escucharle hablar sin correr el riesgo de que ella le lanzara uno de aquellos pesados y gruesos libros de texto.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Vaitihare I. Wright el Jue Jul 07, 2011 2:36 am

El gesto de la chica tan solo provocó que el productor sonriera de forma divertida, cosa que a ella no le hacía demasiada gracia. Aquel tipo nunca se molestaba, siempre estaba allí tranquilo dispuesto a escuchar todo lo que ella tuviese que decirle. Era como un muñeco al que golpeas para desahogarse, solo que a él lo golpeaba verbalmente y no con ambos puños cerrados. Le daba rabia su comportamiento, esa sonrisa que se posaba en su rostro dejando ver lo feliz que era. ¿Sería verdad o pura farsa? Había conocido a todo tipo de gente a lo largo de su vida, a gente de estatura baja, alta, flacos, gordos, rubios, pelirrojos... Y durante todo ese tiempo se dio cuenta de que no era oro todo lo que reluce, que por cada sonrisa que mostraran en público más lagrimas resbalaban por sus mejillas cada noche. Incluso ella había sido victima de aquello, había llorado durante miles de noches después de haber sonreído durante todo un día.
Por eso era ahora así, por eso evitaba sonreír cuando no debía. No sabía lo que era sonreír, sonreír de verdad. No entendía esa necesidad que tenía todo el mundo por pasarse la vida mostrando un rostro feliz cuando no lo era y tenía claro que no iba a volver a cometer los mismos errores que cometió una vez, que no iba a cambiar su forma de ser ante nadie y no iba a fingir lo que no era. Lo único que no sabía era que estaba cometiendolos, una y otra vez, de formas diferentes. No era consciente de lo que hacía, de su escudo ante las personas formado por su nuevo antipático carácter, de que juzgaba a la gente sin conocerla. Algo que siempre había detestado, eso era, se estaba convirtiendo en la clase de persona que siempre había odiado.

Escuchó al chico comentar algo y alzó las cejas sorprendida por el tono amigable de su voz. Estaba todo, aquel tipo estaba totalmente loco y no era consciente de ello. O si no estaba loco era algo masoquista ante los ojos de la rubia. No le dio importancia al comentario, se sentía demasiado cansada como para tomarse la molestia de enseñarle su dedo con desprecio además de que no le parecía del todo ético hacer aquel gesto frente a los niños que jugaban inocentes varios metros frente a ella. Agachó la vista dispuesta a continuar con su lectura pero parecía que su mente se negaba, había cerrado el libro de forma inconsciente. Sopló algo enfadada consigo misma y levantó la vista, encontrándose con el chico a poca distancia de ella. Le hizo gracia el hecho de que guardara cierta distancia de seguridad, como si ella fuese a lanzarse encima de él para golpearle sin piedad o algo por el estilo. ¿Tan bajo pensaba que podía caer? Puede que no fuese una ricachona como él, que el tipo tampoco supiese que a ella le habían enseñado modales de princesa cuando era pequeña pero los tenía y, a pesar de haber olvidado algunos de ellos sabía que no tenía que comportarse como una loca.

Esperó algo por parte del chico, algún movimiento, algo que pudiese distraerla y hacerla pensar que no estaba allí parado para hacerle compañía a ella. No hizo nada, solo estuvo allí quieto. Alzó esta vez ambas cejas y negó con la cabeza, pues igual si que estaba loco. Le dio un ultimo trago al café y extendió su brazo, carraspeó para llamar la atención del chico y movió el vaso de lado a lado con un rápido movimiento. – Ya que parece que te has unido a la tarea del árbol para darme sombra tira esto a la basura y cuando vuelvas te pones un poco más a la izquierda, que sino solo tapas medio sol – comentó con cierto tono de burla y un deje de desprecio. ¿No la veía estudiar? ¿Por qué se había acercado a ella si sabía que la iba a molestar? Eso pensaba ella, que la molestaba y solo era un estorbo pero al menos le tapaba el sol que la cegaba cada vez que levantaba la mirada pero en el fondo sabía que no era así, que al menos ahora tenía a alguien con quien meterse para pasar el rato.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Matthew H. Woodward el Vie Jul 08, 2011 2:19 am

No sabía qué le hacía más gracia de toda aquella situación; si el hecho de encontrarse con la rubia camarera en medio de Central Park de buena mañana e intentar entablar una conversación con ella, o el hecho de que Vaitihare cada vez parecía más confusa por sus reacciones ante todas sus provocaciones. Matthew no era una de esas personas que se enfadan rápido y saltan a la mínima. Él era paciente y tranquilo, era más bien de esos quienes ponen nerviosos a los demás porque se lo toman todo con demasiada calma; claro está, siempre que no hablemos de trabajo, cuando el moreno se transforma por completo. Para su sorpresa, la rubia no pareció demasiado interesada en continuar con aquello a lo que ellos solían llamar conversación, algo que pillo desprevenido a Matthew que siempre tenía intriga por saber cuál sería el siguiente comentario que Vaitihare dirigiría hacia su persona. Por el contrario, la muchacha volvió a bajar la mirada a sus libros, de nuevo, aunque no duró demasiado en aquella posición, puesto que el chico que había estado absorto en sus propios pensamientos, escuchó un carraspeó y desvió su mirada hacia ella. Ladeó la cabeza con curiosidad y terminó por acercarse a ella para coger el recipiente vacío de su mano.

-Por favor ¿no? –dijo el chico.

Aun así, antes de esperar una respuesta se dirigió a la papelera a la que había ido a parar el vaso de su café y depositó allí el de la rubia antes de volver junto a ella. Observó desde las alturas los libros de texto mientras ella había centrado la atención en sus estudios, o eso parecía. Economía. No sabía que la malhumorada camarera estudiase, aunque tampoco era nada extraño puesto que era joven y, probablemente, ser camarera no fuera el sueño de su vida. Supuso entonces que gracias a su trabajo se costearía la universidad.

-¿No deberías estar en clase? –preguntó él, con su tono tranquilo de siempre, al ser consciente de la hora que era- Yo estudié Empresariales. –dijo como dato absolutamente innecesario, por el simple hecho de no estar allí parado sin decir nada.

No sabía qué le empujaba a intentar charlar cordialmente con aquella chica que en tantas ocasiones había demostrado su repulsa hacia él, pero Matthew era perseverante y nunca antes se había dado por vencido en su vida y aquella no iba a ser la primera vez. Vale, era probable que Vaitihare y él no llegaran a ser los mejores amigos del mundo, pero aspiraba a ser tratado con cierta cordialidad.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Vaitihare I. Wright el Vie Jul 08, 2011 5:34 am

Lo miró con curiosidad por un instante al escuchar sus palabras. Si quería que se lo pidiera por favor la llevaba clara, ella no pedía las cosas de forma educada... No era una princesita como las chicas con las que él debía estar acostumbrado a tratar, no era ese tipo de chica que siempre andaba con cuidado tratando de no decir un comentario fuera de lugar. Ella decía lo que pensaba, sin más, sin pensar si quiera en las consecuencias que traerían sus palabras. Él pareció entender el silencio de la rubia e hizo lo que esta le ordenó sin rechistar volviendo al lugar donde se encontraba anteriormente.
Ignoró al chico, centrándose en su libro. Abriéndolo por una página al azar y mirando los dibujos que había en las esquinas. Era fascinante lo que se podía llegar a aburrir durante las clases. Había llegado a pensar que su carrera debía haber sido bellas artes y no economía. Seguramente todo le hubiese resultado más fácil y entretenido pero no sería lo mismo... Su sueño siempre había sido sacarse esa carrera con honores, era una especie de reto personal que debía cumplir para poder vivir en paz por el resto de su vida.

¿No deberías estar en la oficina? – preguntó alzando una ceja, en modo de respuesta. Vaya, ahora el empresario parecía haber salido listo y todo... Claro que debía estar en clase, y en aquellos momentos se arrepentía de no haber cogido el segundo autobús y haber llegado con retraso a la primera clase de la mañana pero ya no había marcha atrás, ahora debía quedarse con aquel tipo al que parecía apasionarle incordiar a la chica. – He perdido el bus – confesó sin más, después de uno de sus silencios para nada incómodos. Al fin y al cabo él le había tirado el vaso del café a la papelera, para ella haberle dado esa información de forma más o menos amigable había sido devolverle el pequeño favor.
Suspiró con fuerza y volvió a levantar la mirada del libro, cerrándolo con brusquedad. No podía estudiar, sabía que debía hacerlo, pero no podía con aquel chico allí parado. Mirándola y comentando cada detalle. – Ah, muy bien... Yo que pensaba que habías estudiado un cursillo intensivo de como molestar a las mujeres – comentó encogiéndose de hombros, tratando de mostrar una fingida sorpresa. Luego mostró una irónica sonrisa que casi desapareció al instante y fijó su vista en él.

Aun se preguntaba que había visto de simpático en ella como para quedarse allí parado charlando de forma amigable, o intentando mantener una conversación al menos. Ella no era fácil, no iba a ponerse a hablar con él como si le conociera de toda la vida cuando tan solo era un desconocido que paseaba por su bar de vez en cuando en busca de una copa para descansar del mundo exterior. Nunca había entablado una seria conversación con él, no sabía nada, absolutamente nada, sobre él excepto su nombre. – Matthew – pronunció esperando no haberse equivocado – ¿Vas a estar ahí de pie? – lo cierto era que no le importaba. Como si quería ponerse a hacer el pino. Pero preguntó porque le resulto gracioso verle ahí, cotilleando sus libros por encima como si tuviera todo el derecho del mundo a hacerlo.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Matthew H. Woodward el Dom Jul 10, 2011 2:39 am

-Tengo una reunión al mediodía, así que me he tomado la mañana libre. –respondió el chico ante su pregunta.

En raras ocasiones hacía algo como aquello, tomarse la mañana libre antes de ir a la oficina. De todas maneras, aquel era su destino cuando se había encontrado con aquella rubia camarera con la que mantenía una extraña relación de hostilidad. Para Matthew tomarse la mañana libre era ir a trabajar a las diez y media en vez de a las ocho de la mañana, o no dejar de hacer llamadas a lo largo de todo el día, intentando asegurarse de que todo marchase bien. Ella comentó que había perdido el autobús y que aquel era el motivo de que estuviera sentada en el césped de Central Park, estudiando aquellos libros a los que parecía haber dejado de prestar atención por su intromisión.

-¡Oh, no! Lo de molestar a las mujeres es algo que he ido aprendiendo poco a poco, no me he dedicado a estudiarlo exhaustivamente. –respondió él, encogiendo los hombros ligeramente.

La amabilidad momentánea, presente en la respuesta de Vaitihare había desaparecido cuando ella hizo alusión a su capacidad para molestar a las mujeres. Matt no sabía si se refería a todas en general o, simplemente, a ella y a aquel momento en particular. El hecho era que la muchacha siempre parecía estar molesta por su presencia, aquello no era algo nuevo para él. Nunca habían mantenido una conversación más allá de “Ponme una cerveza” y poco más. Él no sabía nada de la rubia y ella no sabía nada de él. Lo único que conocían el uno del otro eran sus nombres y, en el caso de ella, cuál era su bebida favorita. Jamás habían hablado de sus vidas y él se limitaba a saludarla con un gesto cada vez que se cruzaban por las calles de la ciudad. Aquella mañana había sido diferente, él se había acercado a saludarla, con la clara intención de mantener algún tipo de conversación. Aquella rubia camarera tenía algo que despertaba la curiosidad del productor. Ella le ignoraba, algo que, sin resultar prepotente, no le pasaba a menudo y que él encontraba refrescante. En más de una ocasión había disfrutado molestando a Vaitihare, puesto que había veces en las que encontraba muy divertido el hecho de que ella pareciera tan enfadada con él.

-¿Eso es una invitación a que me siente a tu lado o a que me marche? –preguntó él.

Si había algo que caracterizaba su relación con aquella muchacha era que no llegaba a comprender demasiado bien como funcionaba su cerebro. No era que fuese un experto en mujeres, pero, hasta el momento, no había tenido demasiados problemas a la hora de tratar con ellas.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Vaitihare I. Wright el Lun Jul 11, 2011 3:43 pm

A saber cuantas veces se tomaba él la mañana libre, si seguramente se pasaría todo el tiempo encerrado en una mansión viendo la televisión o haciendo el idiota. ¿Quien era tan idiota de pasar el día trabajando cuando tenía dinero suficiente para estar en su casa relajándose? Bueno, mirándolo de ese modo puede que él fuese tan idiota. Tampoco parecía que se esforzara mucho en su trabajo, si tenía una reunión por la mañana cualquier otro estaría en aquellos momentos preparándolo todo para que la reunión quedara perfecta pero él, en cambio, estaba paseando por central park como por su casa y molestando a la chica como si fuesen amigos de por vida.
Pues quien lo diría... Estás hecho todo un profesional – comentó rodando los ojos. Puede, y solo puede, que sus palabras fueran a veces demasiado groseras con él. Al fin y al cabo no le había hecho nada pero ella, ella continuaba empeñada en que era un rico inútil como la gran mayoría. Vamos, era productor de cine y televisión... Normalmente todos esos tipos eran unos gordos y unos pervertidos, aunque él parecía ser la excepción que confirmaba la regla. No tenía ni idea de los años que tenía pero se conversaba de maravilla. Quizás fuese uno de esos homosexuales que se llenaba de cremas cada noche, por eso no iba rodeado de tías a todas partes. Sí, aquello tenía sentido en la cabeza de la rubia.

Se encogió de hombros después. No, no era una invitación a sentarse junto a ella y entablar una charla pero seguramente él lo vería así. Porque si, porque aquel chico era un cabezón que se empeñaba en llevar una relación cordial con la rubia así aunque ella se negara rotundamente. – ¿Serías capaz de sentarte a mi lado? ¿Al lado de una desconocida? No sé, igual soy una asesina en potencia en busca de mi próxima victima – aquella era, posiblemente, una de las frases más largas que él había escuchado salir de la boca de la chica que hoy parecía estar generosa con las palabras. Levantó ambas cejas intentando crear tensión, como en esos programas y series de la televisión, pero lo único que logró fue una patética imagen en su cabeza imaginándose la música de misterio de fondo. Sí, definitivamente tenía que dejar de ver tanto aquella caja tonta que le estaba absorbiendo el cerebro.

Y no dijo nada más, le miró con los hombros agachados durante uno segundos y luego desvió la vista a un balón de reglamento que se acercaba rodando hacia ella. Lo cogió entre sus manos y observó como un niño rubio de ojos verdes acudía a pedírselo con un “¿Por favor, señora, puede darme el balón?” Ella sonrió hacía el pequeño y se lo pasó rodando con lentitud junto con un alegre “Ahí tienes”. Niños, niños... Seguramente aquel balón acabaría más de una vez entre sus pequeñas manos esa mañana, pues según había podido comprobar los niños eran bastante malos en aquel deporte. ¿Cómo podía resultarles tan difícil, y a la vez gustarles tanto, darle patadas a un balón? Nunca lo entendería, si era cierto que a ella le gustaba pero no se obsesionada, ni gritaba como una posesa cada vez que veía un partido en el bar. Quizás fuera cosa suya, igual si se emocionaba pero no era ni siquiera consciente de ello pues, cada vez que veía un partido, había bebido de más y sus recuerdos acababan siendo algo borrosos a la mañana siguiente.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

Mensaje por Matthew H. Woodward el Miér Jul 13, 2011 7:59 pm

El moreno intentó contener una sonrisa cuando la rubia muchacha comentó que parecía todo un profesional en el arte de molestar a las mujeres. Lo cierto era que Vaitihare era la primera que le decía algo como aquello y le sorprendía en cierta medida. No era que las chicas se pelearan por estar con él, pero ellas nunca habían puesto demasiados impedimentos al hecho de que él quisiera acompañarlas. El hecho de que aquella camarera se molestara con su simple presencia siempre le había parecido algo cómico. No sabía si en alguna de sus visitas al bar en el que ella trabajaba había hecho algo que pudiera haber molestado a la joven o si ella, simplemente, encontraba algo insoportable en su presencia.

-Bueno, si hubieras querido deshacerte de mí podrías haberme envenenado poco a poco cada vez que voy al bar. –comentó el moreno.

Nunca, hasta aquel momento, había escuchado una frase tan larga salir de los labios de la rubia y sus palabras le resultaron tan cómicas que estuvo a punto de reír. No lo hizo, pensando que ella vería aquella risa como una provocación o algo similar y tampoco quería seguir alimentando el odio que Vaitihare seguía profesando hacia él. No decía que la rubia tuviera que ser absolutamente encantadora con él, porque Matthew no creía que todo el mundo pudiera llevarse bien con el resto de la gente, sin excepción. El moreno siempre desconfiaba de todos aquellos que sólo tenían palabras buenas para todas y cada una de las personas que conocían, suponiendo que en la intimidad no sería así. Nadie podía apreciar a todos sus conocidos por igual y siempre había acciones del resto que podían resultar molestas. En ese momento un balón llegó rodando hasta ellos y, acto seguido, apareció en escena un pequeño de cabellos rubios y ojos de color verde pidiéndole a la muchacha, con gran educación, el balón que había llegado hasta sus pies. Entonces el moreno vio algo que no había visto hasta aquel momento: una sonrisa. Una sonrisa sincera y alegre se dibujó en los labios de Vaitihare confirmando sus pensamientos; la rubia sabía ser amable con la gente, por lo que tendría algún motivo para ser desagradable con él.

Finalmente el chico se sentó a su lado en la hierba y después de un instante en silencio, dirigió su mirada a la rubia y preguntó aquello que llevaba dando vueltas en su cabeza demasiado tiempo y nunca se había atrevido a preguntarle por miedo a alguna respuesta más desagradable de lo normal o a comprender que Vaitihare tenía sus motivos para tratarle así porque él había sido desagradable con ella.

-¿Me odias por algo en especial? Quiero decir, ¿Te he hecho algo que no sepa? –preguntó, al fin. El tono de su voz era tranquilo, como siempre, y no tenía pensado enfadarse después de escuchar la respuesta porque Matthew comprendía que no podías caerle bien a todo el mundo y ya estaba acostumbrado a ello. La verdad era que lo preguntaba por simple curiosidad.
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Re: And the only sound is a minute left {Matthew}

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