HISTORIA DETRÁS DE BOTV:
TRAS EL DESCANSO QUE SE TOMARON TODOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE LEAH BLOOMBERG Y CON EL OTOÑO A LA VUELTA DE LA ESQUINA, NUESTROS CHICOS ESTÁN CON MÁS ENERGÍA QUE NUNCA PARA DEJAR ATRÁS EL VERANO SÓLO PARA LOS SOÑADORES Y TURISTAS, Y EMPEZAR DE NUEVO SUS VIDAS EN LA REALIDAD. UNOS SE ADENTRAN EN LA FANTÁSTICA VIDA UNIVERSITARIA Y OTROS, HACEN MALETAS PARA EMPEZAR DE CERO NUEVOS TRAYECTOS. PERO NO, ELLA SIGUE AQUÍ CON NOSOTROS. OS SEGUIRÁ INFORMANDO DE TODO LO QUE VE Y OYE, PORQUE SABE QUE SE GUARDAN MUCHOS SECRETOS TRAS LA MUERTE DE LEAH, Y LA ALTA SOCIEDAD LUCHARÁ Y LUCHARÁ HASTA QUE ALGUIEN CAIGA. PORQUE EN EL UPPER EAST SIDE, LA VANIDAD ES LO PRIMERO. BIENVENIDOS DE NUEVO A INCOGNITO.
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Again and again (Cyrla)

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Again and again (Cyrla)

Mensaje por May C. van Dyne el Mar Jul 05, 2011 6:29 am

Verano, una estación de lo más sofocante, con temperaturas altas y gente caminando de un lado para otro con lo más mínimo de ropa. Aunque algo que me gusta de esta estación es ni más ni menos que las lluvias veraniegas, las cuales llegan y se van inesperadamente.
Y justamente ese día fue uno de esos. Me senté en un peldaño de la escalera que atravesaba los dos pisos del loft que compartía con mamá. Ya tenía diecinueve, y en mi mente ya me imaginaba una vida solitaria, una yo saliendo de la universidad, yendo con los cascos puestos -escuchando una buena canción-, hasta casa. Abrir la puerta y pensar: "por fin en mi casa". Pero claro, la casa de mamá y la de papá -no tanto como la de mamá- las consideraba casa. Y aunque ambos lo negaran, sabía que llevaban -y lo siguen haciendo- desde hace varios meses, buscando un piso perfecto para mi. Sí, debía de estar agradecida por todo, pero en mi interior me sentía... No sé, como si ambos pensaran que fuera incapaz de hacer algo por mi misma. Aunque claro, como ya me explicaron: se sentían "mal" o en deuda conmigo por todo lo que tuve que pasar.

Me levanté solamente para abrir una de las ventanas, cuando una idea se me pasó por la cabeza: salir. Sonreí para mis adentros, puesto que no me gustó, sino que me encantó. A lo mejor, bajo la lluvia conocía a alguien capaz de convertirse tan importante para mi como... Sacudí la cabeza. ¿Como? ¿Cómo quién? Bajé trotando por las escaleras, llegando a la planta baja. Caminé -aunque la verdad, casi corrí- hacía la mesilla donde solía dejar todo. Cogí el móvil -una pieza indispensable de mi ser-, los cascos, las llaves y dinero, y lo metí así, sin cuidado en uno de los múltiples bolsos que tenía. Nunca entendí el porqué de tener tantos... Pero bueno, ¿qué más daba? Me puse las botas de agua -salpicadas con cierto barro que nadie se preocupó de quitar en su momento- y salí, cerrando la puerta de un portazo. Mamá no estaba para decirme nada, y los dos actuales criados no estaban para preocuparse de tales cosas sin importancia.

Avancé hasta la lluvia. No había cogido el paraguas y tampoco quería volver a por ella. Así que dejé que las cálidas gotas de la lluvia que caía sobre la gran ciudad de Nueva York golpearan con suavidad mi piel. Me decanté por no ponerme los cascos, puesto que lo más probable era que se mojaran -aunque claro, siempre podía comprarme otros, pero sería derrochar-, y escuchar cómo la lluvia chocaba contra el asfalto grisáceo y desgastado de la calle.
Caminé sin rumbo fijo, pensado: "allá donde me lleve el destino". Sí, creía en éso llamado Destino, ¿y qué? Mucha gente dice que no existe, otra simplemente se niega a apartarlo, no pensar en ello, pero en cambio yo, sí que pensaba que estaba allí. O sino, ¿cómo se explicaba toda mi vida? La de encontrarme con cada determinada persona, la de acabar de una forma o la otra... De acuerdo, podía ser la casualidad, pero en mi opinión, ese era otro nombre para el destino.



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por R. Cyrla Freeman el Mar Jul 05, 2011 10:05 am

-Cyrla, querida, ¿serías tan amable de hacerme un favor?... ¿podrías...?- ¿cómo iba a negarse a hacerle un favor a la mujer para la cuál trabajase? Cyrla no era tan estúpida y había calado muy bien a la señora Von Streiden. De su boca, "un favor" quería decir "cosa que tienes que hacer sino quieres acabar de patitas en la calle", y ése no era el plan perfecto ni de lejos, no encontraría trabajo tan fácilmente... y además, era de lo más honesto que podía encontrar en Nueva York sin tener tan siquiera la secundaria acabada, decidió dejar los estudios de lado ya que no los veía interesantes, era mucho más interesante juntarse con los gamberros del barrio, pero como todo el mundo que deja la escuela, Cyrla se arrepintió, no se arrepiente ya. Simplemente ha dejado de importarle, como la mayoría de las cosas, total, no sirve para nada, lo hecho hecho está, y lo no hecho, igual. Siempre hay diferentes salidas, y la más rápida es la que escogen los cobardes, o los que tienen prisa. Cyrla no la tuvo, pero el tiempo con ella sí. Los años pasan, y pesan, más cuando llevas demasiada carga para tener tan solo dieciocho años. Y cuando tenía doce... y cuando nació, entonces llevó la carga más grande de todas: una madre que se arrepentía de haber traído a su bebé al mundo, una madre que era incapaz de mirarla a los ojos. Suerte que de ésto último ya no se acuerde. Suerte... o quizá no tanta. Podría haberle evitado muchas cosas, mucho dolor sobretodo. Dicen que lo que no nos mata nos hace más fuerte, pero, ¿es del todo cierto eso? El ejemplo de Cyrla demuestra que no. La excepción, que rompe o confirma del todo la regla. El bicho raro de la clase. La niña sin padre. La niña sin perro. La niña sin casa.

Así que ahora se encontraba vagando por las calles de Nueva York, entrelazando sus manos en un paraguas a topos verdes que por suerte siempre llevaba en el bolso, por si las moscas, aunque era bastante extraño que lloviera en Nueva York, en verano, habiendo una temperatura mayor a 25 grados. En busca de un tal Starbucks, la primera vez que oyó ese nombre pensó que se trataba de una persona muy famosa en la ciudad, pero conforme pasaba el tiempo, entendió que se trataba de una cafetería o algo así cuando vio a dos abispadas jóvenes con unos vasos de papel, sonrientes hasta que llegó un mensaje a sus télefonos de última tecnología y no pudieron más que fingir enfado al ver su nombre en la famosa, y para Cylra ignorada, Gossip Girl. Tampoco sabía muy bien de que iba eso... no se enteraba de nada, ¿pero cómo iba a serlo si con las únicas persona que era capaz de intercalar más de dos frases era para las que trabajaba? Y porque era más que necesario, tampoco es que tuviera interés en ellos. Entonces, si no era ni Gossip Girl, ni el Starbucks, ¿qué podía interesarle a una chica que viviera en la Gran Manzana? One Republic, una famosa banda de rock americano que desde el primer momento que la escuchó, en el autobús destino a Nueva York se quedó totalmente prendada, nada conseguía que sus ojos verdes tuvieran esa chispa, ese fuego tan hipnotizante, que no fuera la música de ese grupo. Los adoraba. Junto al fuego. Le vino a la mente el primer día en la casa de los Von Streiden, al entrar a la casa, en cuanto la dejaron sola, agarró un mechero y comenzó a prender las cortinas de la señora Von Streiden. Viéndolas arder, liberando toda la adrenalina que recorría sus venas, las llamas reflejadas en sus ojos, lágrimas que recorrían sus mejillas. Entonces apareció Cedric, extraña manera esa de conocerse.

Sus pies se detuvieron al ver el cartel color verde hierba donde en un círculo se leía "Starbuck Coffe". El lugar indicado. Se paró frente a la puerta y nerviosa, esperó tres segundos por si era una de esas que se abrían detectando gente u otra cosa moderna. Al ver que no, posó su mano en el manillar y estiró. Informal, moderno, perfecto. Entendió al momento la popularidad del lugar. Pensó en arrinconarse en una mesa al ver a tanta gente, pero recordó que le estaba "haciendo un favor" a su jefa. Marchó a lo que supuso que era la cola para realizar los pedidos, mientras recordaba lo que le había pedido la señora Von Streiden.

Sé que es feo, safsfasffs no pude ni releerlo, el caso es que el próximo better.



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por May C. van Dyne el Mar Jul 05, 2011 9:13 pm

La gente iba y venía a su alrededor como pequeñas mariposas, preocupadas por sus asuntos, y siempre, pero que siempre con prisa. Éso era una de las cosas que nunca me habían llegado a convencer de Nueva York, aunque por lo demás... Las personas iban maldiciendo por la inoportuna lluvia, evitando a este fenómeno climático con todo lo que podía -ya fuera con periódicos, carteras, etcétera-, además de mirarme con cara de no haber visto nunca nada. Claro, iba sin paraguas, aunque seguramente muchos desconocían mi status social. Mejor. Así no podían, o eso creía yo, cuchichear. Bah, ¿qué más daba si lo hacían o no?

Si hubiera estado escuchando alguna canción, seguramente sería la de Singing In The Rain (Gene Kelly). Sí, era antigua, pero mi reproductor de música englobaba cientos de canciones, todas de diferentes épocas y estilos. La música era algo que nunca podía hacerse, de alguna forma decirlo, viejo. Pasarse de moda, quizá para algunos jóvenes sí, no obstante yo me consideraba a mi misma, fuera de lugar.
Podría estar dando saltitos, bailando y cantándola como bien me gustaría hacer, pero no había espacio suficiente -y todo quizá, podría servir como tema a esa tal "GG", y no, no quería facilitarle ese sabor a victoria.

Iba pasando calle tras calle, alejándome del loft. Si hubiera sido un simple turista, lo más probable sería que ya no sabría dónde me encontraba, después de ver edificios de tantas, tantísimas plantas -sí, de acuerdo, rascacielos- como los de la mítica película King Kong. Sin embargo, yo era una neoyorquina de pies a cabeza, y sabía que me encontraba cerca de Broadway, por lo que significaba que estaba en... sí, más en el centro de Manhattan. ¿Y qué había por allí? A parte de las multitudes de sitios, estaba la cadena de cafés tan famosa: Starbucks. Sí, la verdad era que en ese mismo instante no estaría mal tener algo caliente entre mis manos. Así que después de que me pensara si ir allí era una buena idea, me dirigí hacia allí.

Entré empujando suavemente la puerta, viendo cómo estaba lleno de gente, unos sentados conversando, y otros, haciendo cola sin más. Me uní a ellos pensando qué pediría. Un Frapuccino no sonaba mal, pero yo no era de tanto café, no, yo era más de chocolates calientes del Starbucks, de ésos que te queman la lengua en un segundo. Pero claro, había que añadir que estábamos en verano, así que la idea del chocolate caliente lo taché, decantándome por un Mocca Frapuccino.

Detrás de mi sonaba la puerta abrirse y cerrarse, como de costumbre en el lugar. Aunque la gente se fuera, el bullicio era, según parecía, permanente. Por lo que sí, cogería mi bebida, un parte de servilletas, y saldría por esa puerta tan familiar, tomando otra vez un rumbo sin destino, y tal vez, parándome en algún lugar alejado y perdiéndome como de costumbre.

(Por favor, mira lo mío... A éso es a lo que yo llamo cutre, no lo tuyo D: )



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por R. Cyrla Freeman el Miér Jul 06, 2011 4:07 am

Capucchino, Caramel Macchiato, Americano, Mocha, White Mocha, Mocha Valencia..., esos eran varios de los nombres que la castaña observaba en la pequeña pancarta apoyada junto a la pared de la entrada ¿no se suponía que en una cafetería solo habían cafés y algunos dulces? Que va, allí habían hasta zumos de naranja, por un momento se apiadó de la gente de clase alta, cuan costoso tendría que ser tener que memorizar la carta entera de las diferentes bebidas del Starbucks -nótese el sarcasmo-. Y al segundo cambio de interés. Ya le tocaba a ella pedir, el hombre que iba delante suya, de unos treinta y pocos años y un bonito traje de corbata la miró con desdén, como si pensara que Cyrla no era más que otra de esas muchachas ricas, y que ahora, mientras él tenía que trabajar en un prestigioso bufete de abogados para pagar todos los caprichos de sus mimados hijos, ella ya tenía la vida solucionada, por ser hija de quien era. Cyrla levantó la ceja con curiosidad y fijó los ojos en los de él hasta que el hombre rápidamente apartó la mirada. ¿Curiosidad, por qué? Ella no aparentaba ser una chica de Manhattan ni de lejos. Su pelo castaño recogido en una desgreñada cola de caballo, su cara lavada y sin una pizca de maquillaje, vestida con unos sencillos tejanos de un azul desgastado y una camiseta básica blanca. Muy distinta de lo que había por allí; chicas con largas melenas al viento, de rubias a morenas, con sus estilosos zapatos de tacón y sus llamativos conjuntos, si había algo realmente admirable era verlas caminar con tacones de cuatro dedos de alto, algo realmente imposible para Cyrla, que ya se caía con pequeñas plataformas. Aunque bien sabemos , ahí gente para todo, lo que quiero decir es que no todas eran iguales por tener más dinero en la cuenta bancaria. ¿Pero ésto le importaba a Cyrla? No... ella ignoraba a la mayor parte de la Tierra, fueran pobres o ricos, guapos o feos... excepto en algunos casos, había gente que llamaba su atención y a la que se acercaba impulsivamente. Gente con la que intentaba relacionarse, aunque Cyrla era tan mala en éso que en ocasiones parecía que despreciaba a la otra persona.

-¿Señorita?- "¿se refiere a mí?" se preguntó Cyrla cuando nadie nunca la había llamado de ese modo, dió una zancada hasta ponerse en frente del chico del Starbucks, el que se suponía que tenía que atenderla. Cyrla pensó al verlo "trabajo de verano para pagarse la universidad". Debía tener unos dieciocho recién cumplidos, en sus ojos color avellana se veían todos sus própositos para otoño; Columbia, echarse novia... lo típico. Era pelirrojo, y tenía el pelo rizado, formando graciosos bucles en su cabeza, una nariz grande y redonda, bastante graciosa, su cara estaba llena de pecas, y sus labios se torcían en una sonrisa mostrando su perfecta y alineada, seguramente trás muchos años de sufrimiento con aparatos dentales en su adolescencia. No podía considerarse atractivo, pero tampoco era un cardo... parecía el típico mejor amigo al que todas las chicas le decían: "ojalá encontrara a un chico como tú" y él pensaba "¡pero si yo estoy aquí!" y nunca le hacían caso, solo daba consejos y repartía abrazos, ¿cómo los llamaban ahora? ah, Paga Fantas. Cyrla clavó la mirada en la pancarta de antes, y recordó las palabras de Josephine, es decir la señora Von Steiden: "Pide cuatro frappuchinos, vendrán mis amigas a almorzar y quiero que todo esté en orden, un brownie de chocolate para Elisabetha... ya sabes como es, querida, le encanta hincharse y luego se queja de si está gorda..."- y a continuación su risa de hiena -" pues eso es todo, ten cuidado, que llueve, ah, y toma el dinero, te puedes quedar con lo que sobre". Al fin y al cabo no es tan mala mujer, solo que le importan demasiado las apariencias. -Sí, claro, cuatro frapucchinos y un brownie de chocolate, todo para llevar.- dijo deprisa, hablando como sino quisiera ser escuchada, pero el chico lo hizo. Asintió con la cabeza pensando que aquella chica tan tímida era adorable. ¿Cyrla, tímida? Y lo que es más, ¿adorable? Para nada, si creyeras conocerla, verías que no es así. El chico se lo dió todo en un santiamén, le dijo la cuenta y Cyrla pagó, sobrándole unos cuatro dólares, agarró su pedido, se despidió con un seco "adiós" y se dió media vuelta antes de que pudiera pedirle el número de télefono... o que tuviera cuidado para no chocar con la chica que tenía delante, y en la ropa de la cual quedaban los cuatro frappuchinos ya.

El tuyo está perfestamente e.é dffhdfvcada.




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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por May C. van Dyne el Miér Jul 06, 2011 7:56 am

Miró con distracción, pero detenimiento, a la gente que se encontraba en la cafetería en ese mismo instante. Fue más bien para comprobar que no había nadie o ningún rostro familiar que la parara para decirle unos cuantos cumplidos, pero sí, sabía que eran tan solo por decir algo. El mundo funcionaba así: si le hacías un poco la pelota a alguien más rico que tú podrías asegurarte, aunque sea de una forma mínima, los problemas laborales, porque sabes que si le caes bien le podrás soltar algo como "y claro, es que no puedo más, pero mis hijos...". Aunque todas estas falsedades no se dan tan solo en la gente más necesitada, no, hasta la alta sociedad de Manhattan -y más ésta- también muestran estas dichosas características.
Por éso prefería mantenerme al margen, sin embargo, no quería decir que a la pequeña van Dyne no le gustara ir a las cenas de gala. Una cosa era ir a fiestas como ésas -de las que iba desde pequeña- y poder ir con un vestido no de la alta costura, no, uno de los que realmente le gustaban -y poder sentirse princesa por un momento, sí, una frase que siempre decía cuando tenía menos de diez años-. Y aunque lo niegue, por una parte, sabe que todavía le interesan por ese simple, pero importante motivo, -al menos para ella-. A parte, no hablaba de las fiestas en las que muchos de los jóvenes se meten. Éso si que ya... Ese tipo de fiestas no entran en su lista de espera.

Había alguna que otra persona que la miraba con una expresión de sorpresa y lo comentaba a la que estaba a su lado. Suspiró, reprimiéndose las ganas de soltar algo como "¿Es que nunca habéis visto a nadie mojarse con la lluvia?". Aunque claro, ella lo había hecho queriendo.
Después de comprobar de que nadie conocido estaba allí para darle la tabarra, May se fijó en cómo la cola avanzaba lentamente. No podía quejarse, era la lentitud de siempre. Además, para van Dyne, la lentitud de ésta era algo típico de todos los Starbucks. Miró hacia delante y vio al mismo chico que le atendió la otra vez. "Vaya por dónde, siempre te encuentras con alguien que conoces..." Aunque no le importaba mucho, ese muchacho no le molestaría -al menos no lo hizo la otra vez-.
El chico parecía estar un tanto embobado mirando a la chica que tenía delante, digamos... anonadado. ¿Debía sorprenderse de su reacción? La verdad era que no. Según ella, está probado que el noventa por cierto de los chicos se quedan así cuando ven a alguna chica guapa, y el otro diez... Razones diferentes que no nos meteremos ahora. Así que, la deducción que sacó May de esa teoría suya era que a pesar de que fuera con unos simples tejanos -de lo más normal- debía de ser bastante mona o incluso guapa. Espera, ¿cómo que de lo más normal? Ella no despreciaba a los que no fueran de otra clase social que no fuera la alta -como muchos lo hacían-, sino que creía y cree que todos tenemos los mismos derechos. Sí, se había expresado mal.
El chico la atendió con una velocidad rozando a lo sobrenatural, sin pararse siquiera a respirar -metafóricamente-. La chica pagó y se giró. "Bien, ya es mi turno", pensó May.

Pero no fue tan sencillo como pensó la muchacha. Avanzó un paso, justamente cuando la chica que acababa de coger los cuatro Frapuccinos se giraba. Una chica que justamente pasaba por allí y trataba de evitar dar toda la vuelta a la cola para ir al otro lado de la prestigiosa cafetería, lo pagó caro. May se quedó, esta vez sí, anonadada. Ya se la imaginaba levantándose, soltando improperios a la pobre chica, diciéndole que se lo haría pagar caro, puesto que era su vestido favorito y demás. Ya se imaginaba partes de frases: un "¿¡Pero qué haces, estúpida!?" o "¿¡Es que no tienes ojos!?" y seguramente un "Ah, claro, no eres más que una pobre chica de Brooklyn, sin dinero para poderte pagar unas gafas... Ni un cerebro". El chico seguramente estaba ansioso por salir de allí detrás y defender a la primera chica.


He cambiado la forma de escribir e__e Así me es más fácil (?)



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por R. Cyrla Freeman el Miér Jul 06, 2011 11:12 am

- Lo siento... lo siento, de verás... - dijo la chica nerviosa, notando como su rostro enrojecía rápidamente, como si de un tomate se tratara. Todo el mundo las miraba, incluso podía oír las voces de algunas personas de fondo, -que torpe...- eso los más amables, también podía escuchar risas, la gente se divertía mucho. La chica que iba detrás de la que había tenido el accidente con Cyrla susurró en el oído de su amiga - Que triste y patosa, seguro que es de Brooklyn..- lo que hizo falta para encender su llama. Cyrla fue directamente hacía esa muchacha, justo antes de tenderle al chico que le había atendido, que había salido de su puesto para ayudar a la otra chica, los restos que ella había agarrado al suelo, vasos rotos y brownie aplastado, perfecto. Se acercó a la chica haciendola que la mirara de frente, de lejos era mucho más guapa. Tenía la nariz aplastada y llevaba kilos y kilos de maquillaje que aún así no podían tapar el enorme grano que le había salido en la barbilla, en su cara había desaparecido cualquier rastro de diversión, y sus grandes ojos azules, miraban a Cyrla cual cordero degollado - expresión que no entiendo, ¿si está degollado como va a expresar algo su mirada que no sea muerte? -. Cyrla respiró profundamente. De acuerdo, no hacía falta que dijese que ahora mismo su llama la quemaba por dentro. -Mira, no me importa si te llamas Rosalie, si tienes más dinero tú sola en tu cuenta bancaria del que han tenido todas las generaciones de mi familia juntas, si tu gato se llama Gato, si tu novio se llama Richard o si te gusta el Martini. Pero si que me importa que te creas mucho mejor que yo por todo ello, porque, ¿sabes qué? Que no lo eres, que despiertes de tu nube, que si sigues en tu cuento de hadas te vas a dar de bruces con tus propias idioteces, y que solo eres una cría, madura, y lo que acabo de cometer es un error, una equivocación por no conocerme este sitio de pi a pa... seguramente como tú. Porque mientras yo trabajo, tú estarás aquí con tu dichosa "bluckberry" o como demonios se diga, y con tus amiguitas con un bolso de Versace y ni media neurona. Así que antes de soltar esos comentarios tan a la ligera piénsate antes las cosas, es solo un consejo. Ah, y no, no soy de Brooklyn. En realidad no soy ni de tu amada Nueva York, pero déjame decirte que nacieras donde nacieras seguirías siendo igual de estúpida. Soy totalmente objetiva porque seguramente sea lo que piensen todas tus "amigas" también. En fin, ciao, ciao, y que te vaya bien. - Y así lo deja, totalmente descargada, no mira la reacción de la chica, que se queda totalmente estupefacta, no le importa.

Vuelve a la que ha sido su víctima con el númerito de los cafés. Agarra unas servilletas que le da el pelirrojo de antes, le susurra un gracias y le da las servilletas a la chica.
-Uff.. que bien sienta desahogarse de vez en cuando- y sus ojos vuelven al verde al que nos tiene acostumbrados a todos. Mira a la chica, es muy bonita, tiene el pelo castaño y una mirada azul muy llamativa... Cyrla piensa que no es otra de esas pijas, porque sino ya le habría arrancado la piel a tiras por ensuciarle el vestido. Vuelve en sí, como si alguien le hubiera poseído hace apenas un segundo -Lo siento mucho... como habrás podido comprobar es la primera vez que vengo... - lo que se traduce como: si has escuchado mi ataque de ira hacia aquella niña-y bueno, no sabía muy bien por donde se salía... pero ya he descubierto que por aquí no... en fin... - suspira, se fija en que la muchacha parece estar adentrada en un profundo estado de shock -¿E... estás bien?- le pregunta. Es una situación muy extraña, y no solo por lo ocurrido, hacía bastante tiempo que Cyrla no hablaba tan tendido como lo estaba haciendo ahora. Antes de que pudiera responderle, el amable pelirrojo ya había llegado hacía ellas, con una nueva bolsa -Tranquila, aquí tienes de nuevo todo lo que me has pedido, ha sido un accidente, no tienes porque volver a pagarlo - Cyrla lo agradeció profundamente, sino llega ser por el gesto de amabilidad de él, no llega a saber que habría hecho Josephine. Se lo agradece de verdad, él le da la bolsa a cambio de una sonrisa de ella, y se marcha a seguir con los pedidos. Cyrla se aparta de la cola y agarra a la joven con suavidad del brazo para que haga lo mismo. Cyrla ya le debe mucho por no haberla avergonzado más de lo que estaba.

Me gusta, yeah


Última edición por R. Cyrla Freeman el Jue Jul 07, 2011 1:52 am, editado 1 vez



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por May C. van Dyne el Jue Jul 07, 2011 1:45 am

Lo siguiente que sucedió, a May le dio la sensación de que todo pasaba como una ráfaga de viento, rápido y sin darle tiempo para respirar. Se quedó allí sentada, observando el nuevo conjunto que llevaba puesto. La verdad era algo bastante extravagante. El vestido ya mojado de la lluvia de Abercrombie and Fitch -sí, como ya se había explicado anteriormente, ella no llevaba siempre las cosas más lujosas del mundo. Primero era lo que le gustaba- combinado con una taca bastante vistosa en la parte central del vestido. Bajó la vista para observar cuánto trozo de vestido había sido manchado con parte de los cuatro Frapuccinos. Sí, la verdad era que gran parte de ésta estaba llena de un color café pero más cremoso, y sin exagerar, May pudo oler el suave aroma que desprenden los cafés de la cadena de cafeterías.

Alzó la vista poco después de que la chica de pelo castaño, a la que estaba observando anteriormente, se disculpara. La pequeña van Dyne pudo notar ese deje de nerviosismo en su voz, además del enrojecimiento del rostro de la muchacha. Omitió a todas aquellas voces que susurraban detrás de ellas, diciendo más cosas sobre la que había derramado el café que la que había sido la víctima. Claro, lo más probable era que May iba como la típica chica de Manhattan. Quién sabía... — No te preocupes —dijo, después de pensárselo una o dos veces. Sí, May creyó que esas palabras eran las más adecuadas para ese momento. Y la otra chica tampoco no le dio tiempo de decir nada más, puesto que rápidamente se levantó -como de un salto de trampolín se tratara- y se encaminó hacia unas chicas que se encontraban no muy lejos. Mientras, después de tenderle lo único que había logrado sobrevivir a tal caos al chico que estaba atendiendo, y que ahora ayudaba a nuestra querida van Dyne. Lo miró, y en vez de decirle algo parecido a un gracias, se limitó a sonreír agradecida. Nadie, a parte de esos dos la estaban ayudando. Oyó lo que dijo la chica, puesto que lo decía lo suficientemente alto como para que toda la gente que se encontraba en el Starbucks en ese preciso instante se enterara. Y sí, hay que admitir que tuvo que reprimirse las ganas de echarse a reír. ¿Y quién no lo haría? Estaba totalmente en lo cierto, además de que eso de “Bluckberry” fue ya como un chiste. Vaya si tiene la risa floja, la chiquilla esta. Pero claro, quien no la conociera, también podría pensar lo mismo que la otra, pensándose que May también era de esas chicas que se creían superiores a los demás, por el simple motivo de ser de la alta Manhattan.

Antes de que la chica volviera a ayudar a May, ésta giró la cabeza hacia el chico pelirrojo. — ¿Necesitas algo más? —preguntó con interés. May se limitó, otra vez sin decir nada, a negar la cabeza, y claro, cómo no, a sonreír. ¿En qué estaba pensando? De acuerdo, admitiré que estaba haciendo lo mismo que hacía con todos, observarlos y tratar de averiguar cómo son.

La chica que había derramado todo su pedido en la que todavía seguía en el suelo, pero preparada para levantarse, volvió y le tendió más servilletas para que se limpiara del todo. Y así hizo, se restregó un poquito más las manchas y se miró de nuevo el vestido. Bueno, quedaba algo, pero ya nada notable. Y para ser sinceros, May podía permitirse comprarse el mismo vestido de nuevo, para eso tenía la cantidad de dinero que tiene, ¿no? Sonrió al escuchar las palabras de la chica. En vez de enfadarse por los hechos, se limitó a ser amable. No había sido aposta, y por los argumentos -que parecían de lo más ciertos- dejó correr el tema.— En serio, no te preocupes. A todo el mundo puede pasarle tales cosas —dijo con un tono tranquilizador, intentando como repetir las palabras de ésta, las cuales había soltado a la realmente pija del Upper East Side. Es decir, fue como un “Sí, lo he oído todo”. Además, May pudo notar que el color de los ojos de la chica era de un notable verde, que ella encontró de lo más bonito. Sí, así era.
Por las siguientes palabras de la chica de los ojos verdes, se dio cuenta de que todavía permanecía en el suelo, por lo que parecía más bien aturdida. May se levantó.— Estoy bien, no te preocupes —respondió riéndose levemente. ¿Por qué se reía? No hacía gracia, en absoluto. Quizá así pretendía relajar el cargado y tenso ambiente que se había creado. Tan cordial como siempre. Poco después, el chico que atendía volvió de nuevo con el mismo pedido de antes y se lo dio a la otra chica. La observó. A diferencia del chico, no parecía atraída por el en absoluto. Tampoco intercambiaron mucho más, tan solo sonrisas de amabilidad. Antes de que May pudiera decir algo, la otra la agarró del brazo y la guió fuera de la cola. Vaya, éso sí que sorprendió a May, pero no dijo ni hizo nada. Tan sólo la siguió. Además, también había sido por culpa suya, puesto que si no hubiera avanzado sin fijarse -como solía hacer- y tan deprisa, quizá no hubiera pasado nada de ésto. Pero decir esas palabras ya no tenían sentido.



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por R. Cyrla Freeman el Sáb Jul 09, 2011 1:39 am

¿Sabes cuándo haces algo sin darte cuenta? Seguro que sí... más de una vez te habrás emborrachado y al día siguiente tus amigos te habrán dicho: ¡casi violas al portero de la discoteca! Y tú: ¿quéeeeeeeeee? En fin, no vamos a hablar de lo malo que es beber y de a cuantas neuronas mata y el daño que hace al hígado. Sino de esa sensación, que la gente experimenta cuando lo está, parecemos otras personas cuando hemos tomado uno... dos, tres o ... perdí la cuenta; muchos chupitos. Que sientes libertad, como si fueras capaz de saltar al vacío en ese momento, de conquistar a todo el mundo y de zampartelo de un bocado, ¿pero luego? Luego nada, luego eres tú de nuevo, esa persona aburrida que solo tiene alas cuando vuela. Así se sentía Cyrla en esos momentos, apagada ya la llama, apagada ella entera. Estuvo a punto de preguntarle a la chica que tenía delante que había pasado, pero al visualizar su vestido ya se acordó de todo. Había ido al Starbucks, atendida por un simpático pelirrojo le tiró cuatro frappuchinos encima a la chica que podía considerarse su víctima - el vestido estaba en un estado majestuoso-, después había medio discutido con una pija de Manhattan - más que discusión había sido un monólogo - sobre... ¿sobre qué? Ah, ya... sobre que el dinero no compraba el cerebro o algo así.

Y ahora, ¿qué demonios estaba haciendo? Había salido del Starbucks, en una mano llevaba la nueva bolsa que el pelirrojo le había dado con todo lo comprado anteriormente, y su otra mano había agarrado del brazo a la chica. Su mente se quedó en blanco por un segundo. Contacto humano. Y era ella quien lo había comenzado, ella, ¿cuánto hacía que Cyrla agarraba a alguien con delicadeza? Recordó en ese momento a si misma, con diez años menos, es decir, tan solo ocho otoños. Cuando salía de la escuela, a prisa, huyendo de todo, para escapar a su rincón secreto, una pequeña cala, escondida y perdida al lado de una casa abandonada, a mucha distancia de su casa, distancia que recorría día sí, y día también. Recuerda que vio el atardecer sentada sobre una roca rodeada de arbustos, y algo de moho, vio como el Sol se desvanecía en el horizonte, poco a poco. Sus rayos cansados, se ocultaban. La luz se evaporaba disipándose en el aire, danzando silenciosa hasta Dios sabe donde. Y en ese precioso instante supo que uno podía enamorarse algo más que de una persona, podía enamorarse de un paisaje, de un color, incluso de una mirada. Y lo había hecho, una y mil veces. Aferrada aún al paisaje, a lo pronto notó como un lametazo en su mano, la levantó rápidamente, y acalló el grito que tenía listo al verlo. Un perro. No un precioso perro de raza y con pedegree, solo un perro de ojitos brillantes y piel de color caramelo, eso sí, bastante sucio y con una pata torcida, las orejas largas y puntiagudas como si de un conejo se tratara, pero caídas y la cola en continuo movimiento, un gran hozico negro y una extraña felicidad a pesar de no tener nada. -"Te llamaré Rabbit."-le susurró al perro ya bautizado, agachándose para acariciar su suave pelaje. Desde entonces, todos los días volvía a la cala, siempre con comida para Rabbit, hasta que un día que no pudo escapar de los típicos matones de la escuela, llegó llorando y con un rasguño en la falda. Ella había ido contenta a la escuela, con su falda nueva que ella misma se había cosido, con retales de diferentes telas; mariposas, circulos de colores, flores, triángulos... todo lo que había encontrado en su casa. Era precioso, a su manera, y a Cyrla le encantaba. Los niños no pudieron hacer más que reírse al verla, y a la salida intentaron romperle la falda, preguntándole entre risas a aquella pequeña niña de ojos verdes vidriosos por qué no llevaba faldas iguales a las demás niñas. Fácil. Nunca fue como ellas.

Cuando Rabbit la vió, fue corriendo a curarla a lametones donde habían pequeñas heridas causadas por los estiramientos de los niños, la falda estaba hecha polvo, algunos retales rotos y perdidos, los que se conservaban más o menos parecían haber perdido su brillo especial. Rabbit decidió ser su perro guardián, seguirla a todas partes, por muy mugriento que estuviera, a los niños era capaces de asustarlos con un simple ladrido. Esos críos seguían perfectamente la expresión que decía: "Perro ladrador, poco mordedor". Valientes cobardes que no sabían como chafar a los demás. Ella como agradecimiento, se lo llevó a vivir a su casa. Su madre al principio lo negó, pero al ver que éste mantenía alejado a los bichos y a cualquiera que quisiera entrar en su hogar - aunque éso último lo dudo mucho, ya que nadie robaría en un sitio donde en principio, no hay nada que robar. Además que hogar no sería el nombre indicado, al menos para Cyrla.
Era a quien más había querido en su vida, y el mundo se lo arrebató como si tuviera derecho a ello. Cruel, desvastador... y todavía había gente que se atrevía a decir que existía un Dios, ¿Un Dios dejaría que ocurrieran cada día, cada hora, cada minuto, tantas injusticias? Dime, ¿lo haría? Si es así, ten por seguro que Cyrla no cree en él. Ella nunca fue de ángeles ni perder el tiempo rezando. Ella creía en algo... por lo menos más real... en OneRepublic, en las rosas rojas... en tonterías, sí, pero cosas que no podrían defraudarla mucho - a menos que OneRepublic decidiera hacer un disco dedicado a Justin Bieber o semejantes, o pasarse del todo a música comercial (lo mismo es), o todas las rosas del mundo se murieran.-

Volvió al presente clavando sus ojos en los de la chica, que parecía pronunciar unas palabras que al principio no entendió porque no la estaba escuchando - solía hacerlo a menudo - pero decidió que era algo tipo: "Esto bien, no tienes porque preocuparte", o más o menos eso había leído en sus labios. Porque bien podía mirar a la gente y no escucharla, fijarse en un punto de esa persona y centrarse en otra cosa. Miró como la joven reía, mejor que hiciera eso a que se enfurruñara y amenazara con ponerle una denuncia o algo parecido. "Bonitos labios" (sí, en vez de "bonita sonrisa", a contracorriente) pensó fijándose en ella, eran de esos labios que ella siempre quiso tener, gruesos y atrayentes, se los robaría si pudiera(?. La soltó al recordar que aún la tenía agarrada con un movimiento rápido. Se quedó pensando en lo mucho que su rostro le resultaba familiar, y si podría pagarse la lavandería. Esperaba que sí, porque ella si que no podía pagársela. Curiosidad. Llama de la curiosidad despierta en Cyrla, lo que se traducía como: ¡Oh, no!
- Me alegra que estés bien, no pensé que iba a ser tan torpe - hizo un mohín con la nariz. Y se fijó en que al apartarla de la larga cola, ya la había sacado de ella - Supongo que querrás tener la oportunidad de pedir tu Capucchino o lo que sea, aunque yo, si fuera tú se me habrían ido las ganas de tomar café o similares. - Le dijo a la chica, como si se tratara de una vieja conocida, como si hablara con alguien todos los días. Cuando le venía el venazo, le venía, y no había forma de controlarlo. En realidad, la otra castaña debería sentirse... ¿orgullosa? De que Cyrla hubiera puesto su curiosidad en ella, pocas veces eran las que la fijaba en personas de carne y hueso, prefería centrarse en extrañas figuras, cuadros con formas raras, o sus ya nombradas aficiones/adicciones. Caprichosa entre las caprichosas, ahora si que era su verdadera víctima, y no por lo del café, no. No sabía bien a que se debía la curiosidad de Cyrla, quizá por tirarle los cafés -probablemente de no ser así no le habría llamado la atención-, o porque necesita alguna nueva distracción, sencillamente.



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por May C. van Dyne el Lun Jul 11, 2011 12:31 pm

Sí, May dejó que una simple desconocida que le había tirado como cuatro Frapuccinos encima -aunque sin querer- tirara de ella y la sacara de todo ese gentío. La observó con más detenimiento que antes, y probablemente, que nunca. Cierto, le inspiraba cierta curiosidad. Su faceta era casi perfecta -según May-. Su rostro no estaba cargado con mil quilos de pintura que provenían de animales, y por lo tanto, mostraba un aspecto natural y sencillo. Por otra parte, dejando de lado la belleza de la otra muchacha, van Dyne pudo notar en su expresión facial -sobretodo fueron los ojos, en cómo miraba en un punto fijo- una cierta evasión del lugar donde estaban a, seguramente, algún lugar de su mente, con muchos, muchísimos recuerdos. No podía estar segura de nada de lo que había pensado, pero May ha aprendido a adivinar cuándo lo hacen y cuándo no. ¿Gracias a sus largas y múltiples observaciones? Puede.  

Poco después de que la chica se diera cuenta de que aún tenía cogida a May, la soltó con rapidez, pero sin ser demasiado brusca -o éso le pareció-. Y volvió a disculparse, y esta vez, además, de llamó a sí misma "torpe", todo ésto haciendo un pequeño aunque perceptible mohín con la nariz, cosa que le resultó bastante gracioso, pero sobretodo, familiar. No le recordaba nada más ni nada menos que a su padre, aquel con el que perdió la relación que solían tener cuando ella era pequeña. Él, su padre, siempre lo hacía cuando May apenas sabía contar hasta diez, para que se riera. Sí, Frederic haría cualquier cosa por que su pequeña sonriera de esa forma tan adorable que provocaba que todos pronunciaran un "ooohh" o un "qué adorable". Y, aunque la chica no se dé cuenta -o no se quiere dar cuenta, quién sabe-, el señor al que le arrebataron casi todo -digo casi pues todavía conserva su prestigioso trabajo, culpable de todo lo que sucedió- todavía intenta verla sonreír y reírse, como solía hacer. En serio, ¿después de todo lo que le hiciste a tu querida hijita a la que considerabas y consideras tu princesita?

En serio, de verdad, no te preocupes por nada —después de meditárselo, May consideró que decir esas palabras eran las más adecuadas. Y claro, sin olvidarse de la sonrisa no-fingida que mucha gente podría atribuir en ocasiones como éstas. Ante todo los modales y la cordialidad, uno de los lemas -si se consideraban lemas- de la vida de la chica de ojos azules. Se volvió hacia la larga cola que se había formado en menos de unos diez minutos, cuando la otra mencionó lo que al principio era el motivo por el que May estaba en este sitio, el Starbucks -sí, un lugar en el que si se encontrara fuera de una zona hablante del inglés, lo más probable fuera que le cambiaran totalmente el nombre a May por el de... Mei, una de las amplias posibilidades-. Suspiró. Ya sería un malgaste de tiempo, y lo que dijo a continuación la muchacha que se encontraba a su lado, pareció tomar parte de razón.— Tienes razón, volvería, si no fuera porque, como bien has dicho, se me han quitado las ganas —se encogió levemente de hombros y se mordió, como manía que tenía, un tanto el labio inferior, cosa que hacía inconscientemente. Se percató de que la otra, espera, ¿pero cuándo se dirían los nombres? De verdad, estoy harta de decir "la otra". En fin, a lo que iba. May y la querida curiosidad se volvieron a cruzar. Esta vez nuestra chiquilla se fijó en que la chica que tenía en frente sostenía cuatro Frapuccinos. Una de dos, o era para alguien más, o era realmente una cafeinómana -nos decantaremos por la primera, sí-. Meditó unos segundos antes de preguntárselo. No, en serio, no creía que la pregunta fuera demasiado adecuada, pues a duras penas se conocían.— Van Dyne, May van Dyne —soltó sin más junto a una sonrisa amigable, extendiendo la mano, tal y como le habían enseñado. Puede que todo sonara demasiado formal, pero estaba acostumbrada a presentarse de esa forma.— Soy una maleducada. Casi te iba a preguntar algo sin apenas saber nuestros nombres —añadió, pensándoselo. Esperó la respuesta de la otra muchacha, imaginándose su expresión de "¿Y quién te ha preguntado?". Y estaría con el total derecho de hacerlo. Nadie se había interesado, pero igualmente lo soltó. Esta May... Qué le haremos. Aunque claro, ¿no actuaban así en las películas? ¿Cuándo siempre solía pasar escenas tipo lo que les había sucedido? 

Películas y más películas inundaban la mente de esta chica. De pequeña -digamos que cuando tenía unos... Trece o catorce años- siempre solía imaginarse las escenas de éstas en su vida, como que a los dieciséis celebraría su cumpleaños de la forma más espectacular, o como su príncipe azul. Sí, y siempre solía ir cambiando de chico. Un día éste, el otro día el otro... Cada vez más perfectos. Y aunque claro, ahora lo niega, pero una parte de ella sabe que no es cierto, que la May de esa edad todavía persiste en su interior, la May soñadora, la May romántica a más no poder. Por lo que, sabe que todavía cree en lo que mucha gente llama leyenda urbana, en el amor a primera vista y eterno. ¿Cursiladas? Puede, aunque ella prefiere considerarlo -si lo acepta- como una creencia



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por R. Cyrla Freeman el Mar Jul 12, 2011 5:14 am

Entre aquellos rascacielos no se sentía como en casa, y sabía que no lo haría en ningún sitio en el que estuviera, sabía que no habría nunca un hogar para ella, no lo había tenido junto a su madre, no lo tendría ahora, y probablemente tampoco mañana, pero, ¿qué quería decir con exactitud sentirse como en casa? Mucha genteo decía, pero realmente no conocían su significado, una casa era el lugar donde se vivía, donde alguien comía y dormía, ¿para qué querías sentirte así? Si querías sentirte como en casa, haberte marchado a la tuya para que tu madre te diera la bienvenida con sus galletitas de jengibre que solo cocinaba en Navidad y en otras tantas situaciones especiales, para que tu padre te diera un abrazo estrechandote fuerte contra su ya no tan fuerte cuerpo, y que tu hermano menor llegara más tarde que tú, cuando ya estuvieseís en la mesa y él habría enfadado a sus padres al tardar, y ese enfado se les habría pasado en cuanto tu hermano hubiese dicho que su mujer estaba embarazada... Eso se suponía que era estar en casa para una persona normal, para Cyrla estar en casa no eran ni de lejos las situaciones que tenía que vivir. Muchas veces era las que soñaba que al llegar de la escuela su madre estuviera en la puerta, dándole un beso en la frente nada más llegar y pregúntandole que qué tal el día, como hacían las mamás de sus compañeros de clase. Nada más lejos de la realidad cuando con una sonrisa abría la puerta y decía: ¡Ya estoy en casa! Y quién únicamente se alegraba de ello era su maldito y querido perro. "Y dale, otra vez hablando del chucho,¡qué ya nos sabemos la historia!" Es lo más importante que ha tenido, podrías ser un poco más comprensible, querido lector o lectora...¡sino enciende la tele y pon Tele5, ya verás como echas de menos saber más de Rabbit! El caso es que el perrito no podía servirle la bandeja de galletitas, ni darle un abrazo, ni comunicarle que su mujer estaba en cinta, solo podía mover la cola y lamerle la cara como si se tratase de un ChupaChups. Entonces ella se sentía como en casa... de verdad. Todo encajaba, era Cyrla y nada más, no habían etiquetas, ni opiniones, solo amor del bueno entre dos criaturas que no tenían ni el mismo ADN ni se podían mantener en pie las dos. Su mejor amigo, su fiel compañero, y quien provocó más dolor en ella tras su muerte, ¿por qué le había proporcionado tanto amor? Sabría que el animal moriría, y pensaba que trataba bien a Cyrla porque ésta le daba comida y una casa donde poder aislarse de la lluvia. Cyrla, una casa vacía que quería que su sombra se levantara para caminar a su lado.

Asintió con la cabeza y vio como la chica le sonreía, "sonrisas" en su diccionario era igual a: "aparta la mirada" y eso hizo. No, no... sonrisas no. La falta de costumbre, o no. ¿Vamos a volver de nuevo al pasado? Dalo por hecho. "Mamá, ¿por qué no me sonríes tú nunca?" preguntaba una Cyrla de siete años, aún con el corazón en el pecho y con sueños. Su madre seguía sentada en la silla de la cocina, tenía a su hija en frente, pero no podía verla porque la bloqueaba con el periódico que estaba leyendo. Ni siquiera era de hoy, y ya lo leyó el día anterior, ¿evitando a quién había salido de su propio cuerpo? Sí... como bien había hecho cuando ésta nació y no podía ni verla, el sindrome post-parto ya duraba demasiado tiempo. "¡Mamá, mamá, mamá!" exclamó la niña saltando, y arrancó de las manos de su madre el periódico y comenzó a reírse como lo hacía una niña de su edad, con felicidad. Su madre la miro fijamente, verde con verde, sus miradas chocaron, y mamá abrió la boca: "Una sonrisa vale mucho, tú no vales nada." Y con esta sentencia agarró de nuevo el periódico y siguió leyendo, dandole la espalda a la pequeña que se quedó absorta pensando en lo que su madre le había dicho. Rompiendo un poco su corazón. Cada día un poco más y hasta que cumplio los dieciocho.

Suspiró y volvió a mirar a la joven cuando se dio cuenta que ya hacía un buen rato que había sonreído, más bien había sido una sonrisa corta, pero amable. De las que no podía ni ver, aunque probablemente tuviera una sonrisa bonita. Dijo que tenía razón, que ya se le habían quitado las ganas del café. Cyrla la miró con fijeza y se mojó sus labios deshidratados. Había querido comprarse Cacao para los labios, pero no podía irse con caprichos, pronto tendría que darle el dinero a Vait para pagar el alquiler. ¡Si encontrase el maldito collar que perdió en la estación de autobuses! Recordó también que llevaba Cacao en la maleta... ¡malditos autobuses, maldita mala suerte!

No respondió al comentario de la chica, y se quedó mirando a quiénes salían del Starbucks. La mema con la que había casi discutido agarrada del brazo de su mejor amiga, y al lado de ellas otra joven, morena y de grandes ojos verdes, una belleza exótica como solían decirlo ahora. Ésta se avispó de que Cyrla la estaba mirando y se quedó obsérvandola con un brillo en los ojos, un brillo extraño, como si quisiera darle la enhorabuena por el numerito que montó anteriormente, pero darsela de verdad, sin sarcasmos.

Y parecía que en esos momentos en los que ella había vuelto la mirada hacía la persona que tenía delante, ésta se presentó... o eso quiso pensar. "May van Dyne" uhm, ese apellido lo había escuchado antes, era de clase alta, lo supo enseguida, pero era una persona normal, al menos hablando con ella,y su nombre era menos común, ¿May? ¿May de mayo? Cyrla curvó sus labios en una sonrisa sin pensarlo.
-¿Tu cumpleaños es en mayo?- le preguntó. Era extraño que no se llamase con un nombre compuesto o lo que le gustaba a la pijería de la Gran Manzana, podría tener unos padres estrafalarios, o únicamente sin ganas de pensar mucho. Dudó si ella también se tenía que presentar, pero decidió que sí, ésta vez no vio como sonreía de manera amable ya que le había llamado la atención que le tendiera la mano, ahora se suponía que ella tenía que estrechar la suya, ¿verdad? -Yo soy Cyrla. - Respondió, y con la mano que no sujetaba los cafés la estrechó con la de May, a quien podía dar ya como una conocida suya. "Haciendo miguitas con los de la clase alta sin que estos la dieran por apestada y salieran corriendo", más curiosidad respecto a May.

Le sorprendió lo que le dijo de la pregunta... Dios Santo, ¿le podía parecer interesante algo que tuviera que ver con ella? No, no, era mejor que no se le subiese a la cabeza.
- ¿El qué?- dijo sin apartar todavía la mirada, sus ojos azules eran profundos, estaba segura de que si viera un mar de ese azul se lanzaría de cabeza. ¡En cuanto tuviese un día libre marcharía a la playa! Aunque claro, no tenía ni bikini ni toalla, y no era de las que hacían topless o pedían la toalla prestada a su compañera de piso.



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Re: Again and again (Cyrla)

Mensaje por May C. van Dyne el Lun Jul 18, 2011 12:11 pm

El vestido mojado por la lluvia de May, el cual tenía un nuevo y original estampado, ya estaba secándose. Algo bueno, pues si continuaba igual de mojado, lo más probable era que cogiera un constipado o algo por el estilo, quién sabía. La muchacha alzó la cabeza en un acto involuntario, clavando su vista en cielo. La lluvia había cesado repentinamente, igual como había llegado y caído sobre la ciudad. Además, el cielo grisáceo que había visto May al salir de casa, se estaba tornando a un cielo azulado, con el Sol tomando la iniciativa, saliendo de entre las débiles nubes. Era como una orquesta, donde el director de ésta era la estrella reluciente que calentaba todo el mundo, y el resto de los componentes del cielo, la orquesta. Aunque también parecía una obra de teatro o una película, donde el astro anaranjado-rojizo era el protagonista, y la lluvia y los rayos, los antagonistas; y los truenos, la banda sonora. Vaya, qué literario ha sonado todo lo anterior. "Todo tiene un porqué". Sí, tal y como se retracta en el Naturalismo -a diferencia del Realismo-. ¿Por qué hemos mencionado cosas tan... literarias? Pues porque al ser una van Dyne, la magia de las siete artes corre por sus venas como si de la sangre se tratara. Y en éste caso, tres de siete destacan entre ellas: la literatura, la música, y la danza y el teatro. Reflejando ésto en cosas cotidianas, tanto en lo primero como en lo segundo, se trata de aquello que es bueno, clásico, y no-comercial, problema que hoy en día es muy típico. Y lo tercero... El ballet -aunque los otros tipos de danzas también le agradan- y la interpretación son sus debilidades. Aunque todo ésto, es otra historia.

La de los ojos azules volvió a posar su vista en la de los ojos verdes, quien parecía estar pensando en otras cosas, pues ignoró su primer comentario, pero no podía recriminárselo, ella estaba haciendo lo mismo. Poco después de que dijera su nombre, se percató de que la otra chica curvó los labios, esbozando una sonrisa divertida, o al menos le pareció. Ya estaba acostumbrada que hicieran tal acción cuando decía su nombre, la verdad.— Justo en el clavo —respondió ignorando su parte que le decía que contestara a ése tipo de preguntas de una forma irónica. Pero no podía hacer nada, sus "extravagantes" padres tuvieron la buenísima idea de ponerle ese mismo nombre, el cual no le desagradaba, para ser sinceros. Es más, le gustaba, y mucho. Para su gusto, era original, sencillo y propio, puesto que al menos ella no había conocido a nadie con su nombre. 

Después de la pregunta formulada respecto el nombre de May, la otra chica se presentó. Cyrla. Su nombre tampoco se quedaba atrás, si de extravagancias hablamos. Nunca antes, al igual que su nombre, lo había escuchado en alguien. La observó con atención pero sin intimidarla. Sí, la verdad es que no parecía ser de Estados Unidos, ni de América -excluyendo la posibilidad de que hubiera nacido aquí, pero criada fuera del país-. Su débil y poco notable acento fue quien le dio la pista a la observadora van Dyne.— Vaya, nunca antes había escuchado ese nombre. Pero es diferente, y me gusta —comentó pensativa, como si estuviera hablando para ella misma.— Cyrla —añadió, esbozando su sonrisa niña pequeña. La verdad era que no lo había dicho por ningún motivo destacable, tan solo quería ver cómo sonaba en voz alta. Sí, algo cría es esta May. Y estrecharon las manos, aunque no por mucho tiempo. Se veía de lejos que ninguna de las dos eran de ésas súper sueltas.

Claro, y ahora toca el momento en el que May suelta su estúpida pregunta. ¿Por qué tuvo que abrir esa boca? Vale, se lo había pensado, pero esta vez, no lo suficiente. Y encima Cyrla no lo ignoró, sino que se quedó mirándola, un verde y un azul chocándose. May se mordió el labio inferior, de nuevo, pero esta vez más de nervios que por nada. Había metido un poco la pata, y lo sabía. ¿Preguntarle por qué tenía cuatro Frapuccinos? Era absurdo, aunque cómo se habían conocido también lo era; todo era absurdo. Aunque claro, siempre cabía la posibilidad de inventarse algo, en el instante, pero no se le ocurría nada de nada. Improvisar nunca fue lo suyo y menos en esos momentos, los cuales la otra persona estaba esperando. Era demasiado obvio que mentías si soltabas algo pasado unos minutos. Y mentir nunca formaba parte de nuestra muchacha. Alguna y tantas veces lo ha hecho, claramente, pero no como costumbre, como hábito. Además, era de las que no sabían disimular en esas ocasiones, y las pillaban en el 99% de las veces. Sí, que pasara un 1% ya era mucho. Entonces, soltaría la pregunta, sin más.— Pensándolo... la pregunta es algo incómoda para esta situación, pues nos acabamos de conocer y tal... —soltó, dejando la frase en el aire. No, se dijo para ella misma. ¿A quién le gustaba que le dijeran "tengo que decirte una cosa" y luego callarse? A nadie, o al menos a ella no. Así que se armó de valor, e inspiró, como si el aire fuera un refuerzo, como si del propio valor se tratara.— En fin, vaya, ¿cuatro Frapuccinos? Sí, de acuerdo, es una pregunta absurda, pero la curiosidad me está matando —comentó más amigable que pudo.— Es que... ¿Alguien te está esperando? —decidió preguntar, girando la cabeza de derecha a izquierda, identificando a alguien que buscara a Cyrla. Sí, lo soltó, una mentira, pero disimuló, esperanzada por que no se le notara, o al menos que la otra actuara como tal.— Porque si es así, lo siento por retenerte aquí, haciendo que te sientas mal —y otra más, para retocar el bulto. Es que no podía evitar pensar que parecía la típica pija cotilla, sin nada más que hacer, pero ¡no! Ella no quería ser una más de esa sociedad -aunque no todo el mundo era así-. Vaya, vaya, como que las apariencias le importaban un comino.

Esperaba que la mirara mal, soltándole un "¿Y a ti que te importa?", pero apostaba por que no lo iba a hacer. Sí, había demostrado que se sabía defender por esta tierra, aunque no creía que era de las típicas chicas bordes, las cuales sólo sabían mirarte mal, como si no dijeras más que estupideces.



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