HISTORIA DETRÁS DE BOTV:
TRAS EL DESCANSO QUE SE TOMARON TODOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE LEAH BLOOMBERG Y CON EL OTOÑO A LA VUELTA DE LA ESQUINA, NUESTROS CHICOS ESTÁN CON MÁS ENERGÍA QUE NUNCA PARA DEJAR ATRÁS EL VERANO SÓLO PARA LOS SOÑADORES Y TURISTAS, Y EMPEZAR DE NUEVO SUS VIDAS EN LA REALIDAD. UNOS SE ADENTRAN EN LA FANTÁSTICA VIDA UNIVERSITARIA Y OTROS, HACEN MALETAS PARA EMPEZAR DE CERO NUEVOS TRAYECTOS. PERO NO, ELLA SIGUE AQUÍ CON NOSOTROS. OS SEGUIRÁ INFORMANDO DE TODO LO QUE VE Y OYE, PORQUE SABE QUE SE GUARDAN MUCHOS SECRETOS TRAS LA MUERTE DE LEAH, Y LA ALTA SOCIEDAD LUCHARÁ Y LUCHARÁ HASTA QUE ALGUIEN CAIGA. PORQUE EN EL UPPER EAST SIDE, LA VANIDAD ES LO PRIMERO. BIENVENIDOS DE NUEVO A INCOGNITO.
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La Gran Manzana aún duerme [Matthew]

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La Gran Manzana aún duerme [Matthew]

Mensaje por Indiana L. Evans el Vie Jul 08, 2011 9:21 am

6.40 am, zonas deportivas de Central Park, Nueva York.
22 ºC y una suave brisa matutina.

Los primeros rayos de sol de la mañana conseguían filtrarse a través de la semi densa capa de nubes que se había estado formando desde primera hora sobre Central Park. Como cada mañana de Miércoles -y de Lunes, Martes, Jueves y Viernes, siempre y cuando fuese verano y no tuviese que asistir a las clases de la Universidad- trotaba atabiada de una indumentaria más deportiva que casual: unas mayas para hacer deporte negras, una camiseta de tirantes del mismo color, una gorra -porque suponía que, como cada mañana, apretaría el sol cuando se posicionara en lo más alto del cielo- y unas zapatillas blancas con los cordones lilas, hechas para correr. La ciudad de Nueva York aún no había despertado, y eso que se encontraban en la quincena en la que los turistas abarrotaban cada rincón de la ciudad estadounidense por excelencia. Sus ojos cristalinos observaban a cada lado del camino que recorría, deteniéndose a mirar algunos de los arbustos que habían florecido la pasada primavera y que se encontraban en pleno apogeo. El sonido de unas de las fuentes del parque se escuchaba desde donde se localizaba la joven Indie en aquellos momentos. Un lugar que en poco menos de dos horas se veía transitado tanto por turistas, como por agentes de bolsa con sus trajes negros y sus corbatas que no siempre les quedaban tan bien, tomando aquel atajo para dirigirse hacia la ciudad financiera. La suave brisa que mecía las hojas de los árboles a aquellas horas de la mañana y que había soplado durante toda la noche -o al menos las horas en las que Indiana había estado contemplando el cielo desde el balcón de su habitación- había conseguido refrescar la ciudad de las altas temperaturas que se habían registrado durante toda la jornada anterior. Un calor sofocante, pegajoso y húmedo que había provocado un alto índice de desmayos, sofocos y golpes de calor por toda la ciudad.

Poco a poco y a medida que avanzaba, comenzaban a aparecer más personas, pues casi todo el trayecto el pequeño paseo había estado desolado de gente. El cantar de los pájaros anunciaba el amanecer y las farolas iban apagándose a su paso. Cada vez había más y más luz, y escogió un pequeño claro dentro de aquel inmenso bosque para observar el cielo. La gama fría daba paso a todo un estandarte de colores cálidos que anunciaban otro día de calor agobiante, más teniendo en cuenta las previsiones que se había encargado de inspeccionar antes de salir de casa. Comenzó a aumentar el ritmo al que corría, llenándose con más frecuencia los pulmones del tan preciado oxígeno y llevándose la mano al costado de vez en cuando. Flato. Estaba desentrenada, pues había pasado casi un mes desde que no salía a correr ni hacía deporte. El ingreso de su madre en el hospital debido a una dolencia cardiaca y las constantes reuniones de su padre, a las que tenía que acudir por obligacción innata, la habían alejado de las pistas deportivas y de los entrenamientos, ya fuera de Central Park o de la pequeña y lujosa urbanización de las afueras en la que vivía la familia Evans.

Sus ojos por fin vislumbraron el final del camino, lo que significaba que podría parar y hacer un descanso, para luego proseguir dando media vuelta y volviendo por donde había venido, hasta llegar de nuevo a su casa. No era un trayecto excesivo, y era totalmente aconsejable hacerlo, pero no a las horas que solía salir Indiana. Las farolas aún seguían encendidas cuando lo hacía, lo que quería decir que la luz natural era nula. A las cinco y media de la mañana no sabes lo que puedes encontrarte por la calle, y menos en Nueva York. Hasta sus padres le habían advertido del serio peligro que corría saliendo sola a aquellas horas, que qué prisa tenía por marcharse de casa cuando todos dormían; y ella, se callaba. Y como no, también se lo había advertido un millón de veces... - ¡Matthew! -en cuanto lo vio, corrió hacia él cogiéndose el costado con la mano derecha, con una grácil sonrisa que curvaba sus labios a merced de la felicidad. ¿Cuánto hacía que no lo veía? ¡Semanas! Y eso era demasiado tiempo, sin lugar a dudas.


Última edición por Indiana L. Evans el Lun Jul 11, 2011 10:15 am, editado 2 veces
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Re: La Gran Manzana aún duerme [Matthew]

Mensaje por Matthew H. Woodward el Sáb Jul 09, 2011 1:20 am

Una cosa era levantarse temprano y otra muy diferente era salir de casa cuando la gran mayoría de las personas comenzaba a volver a su domicilio. El comienzo de la época estival en Manhattan era el principio de una temporada de fiestas sin fin. No importaba si era lunes, domingo o miércoles, todas las noches había alguna celebración y, si no la había, era sencillo encontrar un motivo para permanecer fuera de casa y encerrarse en una discoteca abarrotada de gente con la música a un volumen prácticamente inhumano. Vale, él también salía de fiesta. Él también era joven y disfrutaba de todos aquellos entretenimientos de los que gozaba la juventud neoyorkina, pero no aquella noche. De hecho, ahora que recordaba hacía varias semanas que no disfrutaba de una noche de diversión con sus amigos. Últimamente todo en su agenda eran aburridas fiestas a las que tenía que asistir por obligación y de las que acostumbraba a escaparse cuando nadie le miraba.

Aquel día no tenía trabajo. Por sorprendente que pueda llegar a parecer, Matthew había decidido tomarse el día libre y aprovechar al máximo para hacer todo lo que no hacía cuando tenía que trabajar ¿Por qué había madrugado? Porque tenía que firmar unos papeles antes de que todo el mundo llegara a la oficina. Sí, estaba claro de que el primero en llegar al lugar no lo haría antes de las nueve de la mañana, pero apenas había conciliado el sueño sabiendo que tenía aquel montón de papeles esperando sobre su mesa a que él los rubricara con su elegante caligrafía. De todas maneras, para cambiar, no iba ataviado con sus habituales trajes de color oscuro sobrios y elegantes; aquella mañana se había puesto unos viejos vaqueros y una simple camiseta de color blanco. Ni siquiera se había parado a peinarse demasiado. Lo bueno de la ciudad que nunca duerme es que siempre se pueden encontrar cafeterías abiertas a esas horas de la mañana, por ese motivo cuando salió de la oficina compró un café y decidió pasear por Central Park. Caminaba distraído, cruzándose con los pocos que habían madrugado para salir a hacer deporte a aquellas horas, hasta que escuchó que alguien gritaba su nombre.

-¡Indiana! –llamó al ver acercarse a su amiga, sujetándose el costado, aunque sin borrar aquella dulce sonrisa que iba apareciendo en sus labios poco a poco.

El moreno sonrió ampliamente y la estrechó con suavidad entre sus brazos cuando se encontraron. Besó su cabello con cariño y la miró atentamente. Hacía semanas que no se veían; él había estado muy ocupado y, por lo que parecía, ella también ya que apenas habían tenido tiempo para hablar un par de veces por teléfono.

-¿Qué haces aquí a estas horas? Sabes que no deberías salir a correr de madrugada, Indie… -le recordó el chico.

Desde que conoció a Indiana la chica se había convertido en una especie de hermana menor para él. Había algo en su aspecto y en su forma de actuar que le había invitado a querer cuidarla desde el primer momento en que se conocieron. en ocasiones creía ser demasiado sobreprotector con ella y probablemente lo era, pero mientras ella no se quejara de todas aquellas atenciones y cuidados Matthew seguiría estando a su lado, al otro lado de la línea telefónica o con la puerta de su casa abierta cada vez que ella buscara refugiarse del resto del mundo.
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Re: La Gran Manzana aún duerme [Matthew]

Mensaje por Indiana L. Evans el Lun Jul 11, 2011 11:22 am

Sus cabellos danzaban por doquier mientras seguía corriendo hasta la altura a la que se situaba Matthew. Los separaban pocos metros, pero teniendo en cuenta que Indie llevaba corriendo al menos dos horas, no era de extrañar que ni aquel acto afectivo pudiese hacerla correr más rápido. Al fin, el momento esperado llegó, y se dejó acoger entre los fuertes brazos de aquel hombre, con el que había compartido sus mayores secretos y también temores. Sintió aquel leve gesto cariñoso en su pelo, es beso que había depositado él entre la maraña de cabellos rubios con gracilidad y confianza. Adoraba aquella relación e idolatraba a Matthew. -Lo sé, lo sé. -Un pequeño resoplido emergió de sus labios en forma de protesta sonora y sentenció firmemente su pesar con aquella mirada que le lanzó al moreno. -Llevamos semanas sin vernos, lo primero que puedes decirme tras el reencuentro no es "Indie, cuantas veces te tengo que decir.. bla, bla, bla". -Una pequeña carcajada, tras un breve lapso de tres segundos, abarcó el aire y el espacio que había entre ambos, poco, teniendo en cuenta de que aún él la sujetaba a la altura de la cintura con sus manos. Se apartó de él un poco para poder vislumbrar su rostro, su semblante, sobre el que juraría haber notado cambio desde la primera vez que lo vio. -¡Vamos, hombre! -Su mano se estampó contra el pecho del muchacho en un abrir y cerrar de ojos, en un gesto entre casual y buscado. -Al menos di que te alegras de verme, me harías inmensamente feliz. -Hizo énfasis en la palabra inmensamente, alargando una de sus vocales al mismo tiempo que su sonrisa volvía a iluminar el rostro de niña que poseía.

El sol comenzaba cada vez más a avanzar hacia lo alto del cielo, y los rayos del sol iban siendo más abundantes incluso a aquella altura del camino, consiguiendo atravesar la capa densa de árboles que vertían su sombra sobre la mezcla de grava y arenisca por donde todas las mañanas hacía deporte, siempre que la vida misma se lo permitiese. Nunca salía de casa sin sus gafas de sol, mucho menos en los meses de verano, puesto que la radiación llegaba con mucha más intensidad a la tierra y esa pequeña enfermedad -si es que así se la podía considerar- era mucho más aguda. Las sacó de un pequeño bolsillo de la chaqueta deportiva que llevaba atada a la cintura y se las puso en un ágil movimiento, incluso convirtiéndolo en algo bonito. La gente decía -la gente que realmente apreciaba a la pequeña Indie- que las cosas, haciéndolas ella, se magnificaban, se volvían agradables a la vista, incluso hasta tal punto que dejabas de hacer cualquier cosa por verlo. Claro que ella pensaba que exageraban, que tan solo era una manera de acercarse a la hija del empresario Evans, y además, hacerla feliz. Que engañados estaban. -¿Cómo has estado? -La pregunta vertió sonoridad a sus pensamientos y escudriñó la mirada de Matthew, que se había posado por una de las fuentes que adornaban la extensión verdosa de Nueva York. El pequeño pulmón americano. -No te vi en aquella fiesta dirigida a Ethan.. ¿Strauss? Sí, eso, Strauss. Pensé que como era Director de cine Independiente te dejarías caer por allí, así que fui. Engañada, claro, pero fui... -Cambió el peso de su cuerpo de un pie al otro, alternando también la pose que había adoptado nada más plantarse delante de él. Ya no se tocaba el costado, pues el dolor causado por el flato se había disipado casi por completo. Solo quedaban resquicios del intenso dolor que la había asaltado al principio, y estando allí estática esperaba que en un rato desapareciesen por completo. Aunque siempre tenía un plan B: coger un taxi y volver a casa. -... por otra parte, tampoco te llamé. Estas semanas han sido bastante caóticas. Aunque bueno, eso me supongo que ya lo sab... -

Indiana dejó de articular palabra alguna cuando percibió que nadie la escuchaba. Era como un sexto sentido, o algo parecido. El caso es que Matthew, al que creía estar hablando, se encontraba con la mirada perdida en algún punto por detrás de ella. Indiana giró su cuello con curiosidad, intentando ubicar el punto exacto al que él miraba, y no tardó mucho en descubrirlo.-Eh, pillín, no creo que tarde mucho en conseguirte su número. -Y ni con esas había conseguido su atención. Normal. Era una chica morena, alta y vestía casi igual que ella: ropa deportiva y unos pantalones deportivos bien ceñidos.

-Matthew, estoy embarazada. -Bingo.
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Re: La Gran Manzana aún duerme [Matthew]

Mensaje por Matthew H. Woodward el Mar Jul 12, 2011 8:22 am

Había algo en su relación con Indiana que pocos comprendían. Muchos pensaban que algo sucedía entre ellos porque aquella muchachita era una de las pocas que conseguían que Matthew le demostrara su afecto en público cuando, por lo demás, a pesar de no ser especialmente arisco, el moreno guardaba sus abrazos, besos y mimos para la intimidad. Sin embargo, la dulzura de Indie le embargaba y no podía comportarse de otro modo con ella. ¿Se habían enfadado alguna vez? Por supuesto, a todos nos pasa; pero no les había durado más de unos minutos y después volvían a ser tan amigos. Sentía una debilidad especial por aquella jovencita a la que acababa de reprender por su imprudencia a pesar de seguir estrechándola entre sus brazos. Él se unió a su risa y negó ligeramente con la cabeza como si con aquel gesto dejara entrever cierta frustración por el hecho de que ella nunca cambiaría, aunque sus ojos seguían embargados de la ternura fraternal que se apoderaba de ellos cuando la dulce y adorable Indiana estaba a su lado.

-Claro que me alegro de verte. –respondió él como si lo contrario fuera una auténtica locura- Y quiero seguir haciéndolo, por eso no me gusta que estés sola a estas horas. –le recordó mientras le acomodaba un rebelde mechón de cabello tras la oreja.

Aquella adorable sonrisa de niña pequeña volvió a apoderarse del rostro de su joven amiga y él no pudo hacer otra cosa que acompañarla durante unos segundos en los que ambos guardaron silencio. Había algo en Indiana que hacía que quisiera protegerla por encima de todas las cosas. Tal vez fuera su mirada inocente, sus gráciles movimientos, su aspecto frágil y delicado, su sonrisa dulce e infantil. Tal vez fuera alguna de esas cosas o todas al mismo tiempo. Había ocasiones en las que se sorprendía a sí mismo observándola y sonriendo ligeramente. Sabía de los problemas que Indiana tenía en casa porque ella se lo había contado. Sabía de su situación porque ella había confiado en él como para que no guardara secretos. En su caso había pasado exactamente lo mismo. La muchacha era una de las pocas personas que sabían de su pasado en el ejército porque sus padres no podían pagarle la universidad, sabía lo duro que trabajaba y sabía que él era el que pagaba los recibos de Yale, llenos de ceros, para que su hermana menor pudiera estudiar. Para muchos, Matthew no era más que un productor de cine rico y afortunado que sólo se preocupaba por conseguir más dinero sin importarle lo que les sucediera a los demás.

-He estado bastante ocupado, no he tenido tiempo para nada en las últimas semanas. –respondió él- Estuve a punto de ir a la fiesta, pero mi hermana me llamó desde New Haven porque no se encontraba bien y mis padres no podían venir desde Dallas, así que estuve pasando un par de días con ella. No era nada grave. –agregó con voz tranquilizadora.

Si hubiera sabido que Indiana iba a acudir a aquella fiesta, la habría avisado de su ausencia. Sabía que a la muchacha le gustaban tanto aquellas fiestas como a él y que no disfrutaba de ellas lo más mínimo. De hecho, siempre que se encontraban en alguna celebración de aquel tipo terminaban escaqueándose para conversar tranquilamente en algún rincón más tranquilo hasta que eran sorprendidos por alguien y se veían obligados a volver a fundirse con la multitud. Aquellos encuentros furtivos, para conversar, habían levantado gran cantidad de rumores entre la alta sociedad neoyorkina. Rumores que él no se había molestado en desmentir porque creía que era una auténtica pérdida de tiempo. Después de muchos años de habladurías, había llegado a comprender que la gente siempre iba a hablar sin importar que la información fuera real o no.

Casi sin darse cuenta, su mente había abandonado aquella conversación. Lo había hecho justo en el momento que una joven de cabello oscuro vestida con ropa deportiva se había cruzado en su campo de visión. No podía negar que era una muchacha atractiva y había conseguido olvidarse de que estaba hablando con la pequeña Indiana, aquella que le devolvió la cordura gracias a una noticia bomba: Estaba embarazada.

-¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? –comenzó a preguntar, con las palabras dando vueltas en su cabeza sin conseguir que las ideas se ordenaran- Vale, olvídate del cómo ¿Quién? Indiana, eres demasiado joven para…

Las palabras se aturullaban en su cabeza y había vuelto a mirar a la muchacha, dedicándole toda su atención. Sus ojos oscuros la miraban alarmados, buscando respuestas en su dulce e inocente rostro infantil.
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Re: La Gran Manzana aún duerme [Matthew]

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