HISTORIA DETRÁS DE BOTV:
TRAS EL DESCANSO QUE SE TOMARON TODOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE LEAH BLOOMBERG Y CON EL OTOÑO A LA VUELTA DE LA ESQUINA, NUESTROS CHICOS ESTÁN CON MÁS ENERGÍA QUE NUNCA PARA DEJAR ATRÁS EL VERANO SÓLO PARA LOS SOÑADORES Y TURISTAS, Y EMPEZAR DE NUEVO SUS VIDAS EN LA REALIDAD. UNOS SE ADENTRAN EN LA FANTÁSTICA VIDA UNIVERSITARIA Y OTROS, HACEN MALETAS PARA EMPEZAR DE CERO NUEVOS TRAYECTOS. PERO NO, ELLA SIGUE AQUÍ CON NOSOTROS. OS SEGUIRÁ INFORMANDO DE TODO LO QUE VE Y OYE, PORQUE SABE QUE SE GUARDAN MUCHOS SECRETOS TRAS LA MUERTE DE LEAH, Y LA ALTA SOCIEDAD LUCHARÁ Y LUCHARÁ HASTA QUE ALGUIEN CAIGA. PORQUE EN EL UPPER EAST SIDE, LA VANIDAD ES LO PRIMERO. BIENVENIDOS DE NUEVO A INCOGNITO.
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Misión imposible {Privado}

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Misión imposible {Privado}

Mensaje por Maximilian A. Gauthier el Miér Jul 06, 2011 2:10 am

Martes, 3:45pm.
Ghislaine L. Bessette

¿Compras? ¿Él? Ni en sus más oscuros sueños se atrevería a ir de compras, era algo que iba en contra de su naturaleza, de su forma de ser. Estaba escrito que los hombres no debían ir de compras, no les gustaba ir de compras, y Maximilian no era la excepción a esa regla. Muchas veces había sabido escabullirse de las garras de su madre y de su hermana, nadie había logrado tener la voluntad y las agallas de llevar al chico de compras; no obstante, ese día las cosas eran distintas, la fuerza que lo impulsaba a adentrarse en la zona comercial de Nueva York era mucho mayor a la resistencia que su cuerpo ponía por inercia. Era el cumpleaños de su madre, y la dama, muy sutilmente, le había insinuado que nada le gustaría más que ese bonito bolso Prada que había visto en la tienda la semana pasada. Y él no pudo resistirse a complacerla, al menos esa vez. Bah, lo hacía cada vez que su madre se antojaba o le pedía algo, era algo que no podía evitar. No supo por qué su padre lo miró con compasión cuando salió de su casa, ni por qué escuchó su risa cuando cerró la puerta a sus espaldas.

No obstante, no fue sino hasta que llegó a la tienda que se dio cuenta en el problema en que se había metido. Su madre había especificado el color, tamaño y hasta precio del bolso que quería para ese día tan especial, pero él quería algo más llamativo, algo de lo que la mujer más importante de su vida pudiese presumir a todas sus amigas. Aunque nada podía ser más ostentoso y llamativo que un bolso Prada que costaba alrededor de 4.500$, o al menos eso pensaba él. Max no sabía mucho de lo que eran las compras y demás, prefería dejar que su hermana y su madre se encargasen de esa tarea, pero para su desgracia, Amelié no estaba en la ciudad ese día, llegaría en la noche y él no podía esperar hasta la noche por ese regalo, no le quedó de otra que lanzarse a la "aventura" él solo. El lugar estaba abarrotado de mujeres que dictaban órdenes de allá para acá con una cansada y confundida dependienta detrás de ellas, al parecer ese era el día en que toda la ciudad iría a comprar bolsos, magnífico. Bufó un poco fastidiado y se envaró en su sitio, mentalizándose para el gran reto al que sería sometido en unos segundos. Tan pronto puso un pie en el local, un olor a mojado y a perfume de mujer chocó contra sus fosas nasales, haciendo que arrugara un poco su nariz. Era demasiado fuerte como para considerarse agradable, y vaya que habían perfumes femeninos que eran bastantes agradables al olfato.

Observó el angosto pasillo, el cual en algún momento fue más ancho pero el hecho de que hubiesen mujeres a cada lado de él reducía el espacio, que se encontraba en frente de él. Dudaba que pudiese pasar por allí, no es que fuese una persona obesa pero su musculatura corporal era un poco ancha y dudaba que pudiese atravesar sin ser rozado por las camisas, pantalones y bolsos que se encontraban en exhibición a los lados. Y eso sin contar a las damas que se encontraban hurgando en esa ropa, como que si hundiendose más en ellas encontrarían algún premio. Sus ojos se abrieron de par en par cuando su mente calculó la gran hazaña que debía hacer, que el cielo lo agarrase confesado. Como pudo, se estiró y, evitando chocar con alguien o tirar algo que después podía costarle una fortuna, pasó por el pasillo; sonrió con satisfacción al ver que la tarea estaba cumplida, cuando escuchó el jaleo que una mujer estaba causando. Se giró confundido al escuchar su nombre, para observarla apuntándolo ofendida y cómo dos grandes policías se acercaban a él con grandes pasos. Sus ojos se abrieron como platos por la confusión; ambos hombres arrastraron al chico fuera de la tienda. Al parecer la mujer gritaba que él había tocado su trasero, cosa que era totalmente mentira. O al menos una parte.

¡¿Cómo demonios no le voy a rozar el trasero si estaba apuntándolo hacia mí y encima estaba acaparando el poco espacio que había?!, pensó el chico, bufando más molesto que antes. Definitvamente la tarea de ir de compras era un caso completamente perdido, él no servía para eso y lo sabía. Se llevó una mano a la cara y se masajeó el puente de la nariz, frustrado. Quizás debería decirle a su madre que la tienda estaba cerrada o algo por el estilo, y que regresaría mañana por la mañana a comprarle su regalo de cumpleaños. Mañana estaría su hermana en la ciudad y podría mandarla a ella a que lo comprara mientras él daba unas vueltas por ahí. Sí, sería el plan perfecto. Se resignó a no cumplir con su meta por ese día, y se decidió hacer algo productivo por su vida; la tienda de música estaba cerca y menos llena de gente que la anterior, cosa que se le antojó muy llamativa. Aún faltaba mucho para la fiesta de cumpleaños de su madre, le quedaba tiempo suficiente como para darse un gusto.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Ghislaine L. Bessette el Miér Jul 06, 2011 8:09 am

Ropas, perfumes, bolsos… ¿Qué más podía pedir una mujer? Todas las maravillas que cualquiera de ellas pudiera desear estaban en un solo lugar, y ahí mismo era en donde se encontraba Ghis. Buscando nada es especial y encontrando todo lo que podía imaginar. Sus altos tacones golpeaban rítmicamente las baldosas, mientras se quitaba los lentes de sol para dejar que sus azules ojos recorrieran sin ningún impedimento las tiendas que próximamente visitaría. Gracias al cielo que existía esos lugares, de lo contrario no sabría en que otro lugar se distraería del día a día. Normalmente no tenía mucho tiempo para acudir a las zonas comerciales a pasar horas decidiendo; simplemente; el color del bolso que compraría. Entre el trabajo y sus estudios pasaba la mayor parte del tiempo ocupada como para distraerse con banalidades. Si, reconocía que estar ahí era innecesario, tan innecesario como estar siempre pendiente de combinar su ropa. Bueno, en realidad no lo era. Personalmente se consideraba bastante femenina y el pequeño detalle de combinar sus ropas o escoger un bolso bonito si bien no era cuestión de vida o muerte, sin duda era algo de lo que disfrutaba. Y fue en aquel momento cuando lo vio. Con un envase hermoso, femenino y con un letrero gigante con letras escarchadas que rezaba un claro: Ghis, ¡COMPRAME!

Un suspiro salió de sus labios mientras se acercaba a la tienda en donde había visto aquello que llamo su atención, y cual niña que veía un dulce, estuvo a punto de poner su cara contra el cristal como si a través de el pudiera sentir el aroma que desprendía aquel pequeño frasco. Irguiéndose, concentro su atención en el nombre del perfume, sencillo y completamente femenino y tomando su bolso con fuerza como si fuera algún punto de fuerza, dirigió sus pasos hacia la entrada del establecimiento. Pero, como no, algo la detuvo. A una distancia prudencial vio como unos guardias sacaban a un chico de una de las tiendas. Le verdad es que ella lo hubiera dejado pasar si no fuera porque había reconoció al causante de aquel alboroto. Cambiando de postura, surgió una sonrisa traviesa en la cara de la rubia y observo como su mejor amigo se recomponía de aquel abrupto trato. Se quedo viendo lo que hacía mientras recordaba las veces que de pequeños se metían en problemas, y se preguntaba que había hecho ahora. No parecía necesitar ayuda pues continuo su camino como si nada hubiera sucedido, pero a la rubia le extraño mucho la presencia de su amigo en una tienda para damas y aun más el alboroto que genero.

Lo observo mientras este cambiaba de dirección alejándose de la tienda y entraba en una tienda de música que se encontraba más alla. Una vez que traspaso la puerta de entrada lo perdió de vista, quedando con ganas de verlo nuevamente. Por la expresión que vio en el rostro de Max, la rubia podía adivinar que, por lo menos esta vez, el alboroto que se había causado no había sido con la premeditación, alevosía y ventaja de su mejor amigo, lo que solo consiguió aumentar más su curiosidad. Siendo justificada con el tiempo que habían estado separados, dirigió una última mirada al perfume que parecía llamarla del otro lado de la vidriera y se dispuso a caminar a donde se encontraba el. Aunque para llegar tendría que rodear la fuente en la que al lado de esta una anciana vendedora vendía unos deliciosos dulces de chocolate. Así que ahogando la tentación, Ghis decidió irse por el camino largo. Lamentablemente, cual caperucita en cuentra al lobo en medio del camino, Ghis tuvo la mala suerte de encontrarse con un grupo de hombres que bromeaban entre ellos. Todo eso estaba bien, hasta que se les ocurrió incluir en sus bromas a Ghis.

Comenzando con algunos comentarios normales en los hombres para dirigirse a una mujer, Ghis se abstuvo de decir cualquier comentario que lograra que la atención de ellos se concentrara; aun mas, en ella. Ni los vería, la curiosidad mató al gato, si. Pero ni ella era uno, ni siquiera le gustaban, así que no corría peligro. Pero al parecer el desinterés que Ghis demostró en ellos solo hizo que estos intentaran molestarla más. Ella simplemente continúo su camino, pensando en la distancia que la separaba de la tienda de música y controlando sus pasos, para evitar salir corriendo y esconderse detrás de Max. Justo antes de entrar a la tienda, sintió que halaban de su brazo haciendo que perdiera el equilibrio, teniendo que apoyarse en quien tan bruscamente había tirado de su cuerpo. Levantar la vista del suelo solo la ayudo para darse cuenta que uno de los hombres de los que había tratado de alejarse antes la había seguido, y aunque tenía un sarcástica mirada en la cara, no parecía de muy buen humor.


-Bueno… ¡Ya basta!– dijo Ghis tirando de su brazo el cual era sujetado dolorosamente por el hombre. Había intentado ponerle la mayor fuerza posible a su voz, pero ella no estaba acostumbrada a gritar así que no sabía qué efecto había ocasionado esa orden en su captor. Aunque por lo menos en los seguidos siguientes no funciono mucho, ya que su brazo seguía entre los fuertes y agresivos dedos de aquella robusta mano. Intento nuevamente liberar su brazo esta vez acompañando su acto con una mirada agresiva, pero el hombre solo rio y empezó a tirar de ella en dirección a sus compañeros. Mientras sus tacones prácticamente rallaban el suelo, pensó que no entendía como aquello estaba sucediendo en aquel lugar, a ella y en ese preciso momento.



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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Maximilian A. Gauthier el Miér Jul 06, 2011 1:35 pm

Siempre le habían desagradado las tiendas de ropa, zapatos y demás accesorios que una persona se empeñase en llevar; recordaba como de pequeño odiaba ir de compras con su madre hasta al supermercado, lo consideraba fastidioso y creía que su presencia era innecesaria en lugares como esos. A pesar de que sabía que las compras era algo necesario para toda persona existente en el mundo, las evitaba a toda costa. Muchas personas habían pensado que la gran variedad de camisas, pantalones, zapatos, correas, chaquetas y sombreros eran producto de su aficción a las mismas. Más errados no podían estar. Maximilian le debía su forma de vestir a su hermana y a su madre, esas dos damas se encargaban de conseguirle la mejor ropa a los dos hombres de la familia alegando que nadie poseía un mejor sentido de la moda que ellas dos, y Max no se los negaba. Una sola vez había intentado probar ese "sexto sentido" y le había saldio fatal. No llevaba ni diez minutos en la tienda de ropa cuando ya estaba con los nervios destrozados y a punto de arrancarse los cabellos de la frustación y la desesperación. Fue allí cuando sencillamente desistió a esa batalla y se la dejó toda a Filippa y Amelié. Por supuesto, tampoco era un bueno para nada que no sabía ni vestirse, porque sí que sabía. Quizás no era bueno adquiriendo los productos, pero sí combinándolos. Sus combinaciones no rayaban ni en lo excéntrico pero tampoco en lo simple, eran una mezcla justa de estos dos adjetivos que se volvían explosivos en él.

A veces se sorprendía de la capacidad de las féminas para el tipo de cosas que la población del género masculino no entendía, y muchas veces las alababa. El poder innato que poseían las mujeres para dominar trabajos tan complicados -o al menos a los ojos del castaño- como lo eran las compras le resultaba fascinante. Eran capaces de tomarlas como algo rutinario y normal, casi tanto como comer o dormir, o quizás como caminar y respirar, algo que él jamás había podido hacer en lo poco que llevaba de vida. Desde pequeño, escuchaba a su madre y a sus tías conversar sobre qué vestido comprarían, o el bolso que vieron en la tienda la semana pasada, o el sombrero que usarían para las fechas patrias y cumpleaños; a veces las conversaciones eran más críticas y se desviaban por la ineptitud de una mujer a la hora de vestirse, o la forma en como se colocaba una prenda que quizás no debía ir así sino de otra diferente. Maximilian siempre terminaba mareado y cansado de escuchar tanta palabrería innecesaria por parte de las mujeres de su casa.

Se había sentido aliviado cuando, a los cinco años de edad, le preguntó a Amelié sobre qué pensaba ella de temas como esos, y ella le había respondido que no le interesaban en lo más mínimo, quizás por el hecho de que era tan solo una pequeña de cinco años. No obstante, tan pronto la chica pisó los catorce años de edad, el giro que dió con respecto a esa opnión emitida a corta edad de nacida fue brusco. Fue en ese momento en que Max pensó que había perdido a su hermana. De un momento al otro, su pequeña Amy había dejado de pasar tiempo con él para irse de compras con su madre hasta horas insospechadas; ahora solo quedaban él y su padre en la casa. La habitación de Amy cambió drásticamente, el closet, que antes estaba lleno con peluches y muñecas, ahora no daba abasto el montón de camisas, pantalones, zapatos, chaquetas, suéteres y demás que debía albergar. Siempre que el chico comparaba su closet con el de su hermana no podía evitar pensar que la chica era una compra-adicta sin remedio.

Dirigió una última mirada a la tienda Prada y se giró sobre sus talones, dispuesto a alejarse lo más que pudiese de ese local. No porque los gorilas que cuidaban la entrada lo estuviesen asustando, porque estaba seguro que de ser otra persona sí lo harían, sino por el hecho de que estar cerca de tanto problema y jaleo le era enfermizo, y el simple hecho de ver las montañas de ropa que se amontonaban cerca de la caja registradora lo asustaba y repelía. A medida que caminaba por la zona comercial, desvía de allá para acá la mirada como cualquier persona distraída lo haría, sin buscar nada en específico, solo como por tener algo que hacer. La verdad, él ya no sabía que más hacer por ese día, su misión más importante estaba hecha un desastre e inacabada. Estaba seguro de que cuando le contase su graciosa e incómoda anécdota a sus familiares, estos se reirían hasta el cansancio y se burlarían de él sin remordimiento o misericordia. Tal vez no sería tan buena idea contar la historia tal cual había pasado, quizás si la adornaba un poco la molestia no sería tan grande y así todos vivirían felices, además, era una mentirilla blanca.

Las luces de neón brillaban encima de la puerta de entrada a la tienda de música a la que él tanto había asistido durante su adolescencia. Conocía a los dependientes, varios habían estudiado con él y, por obra de sus respectivos padres, habían terminado trabajando solo para no tenerlos en ocio dentro de su casa. Los había conocido en la secundaria y gracias a ellos había conocido ese local. Los CD's que llegaban allí eran exclusivos, muchos no estaban en las demás tiendas. Por supuesto, a altos precios, pero nada que él no pudiese costear. Justo minutos después de adentrarse en la tienda, escuchó como una voz femenina exclamaba su liberación, o así le pareció. De haber sido una persona distinta, no le interesaría, pero el tono de voz se le hacía demasiado familiar, quizás mucho para dejarlo pasar. Giró un poco su cabeza y observó la cabellera rubia que se alejaba, una cabellera que se le hacía demasiado conocida. Se acercó a la entrada y se sorprendió de verla allí, tan cerca de él, pero más le sorprendió verla en semejante lío. Se envaró y se acercó a grandes zancadas. -¡Hey! Déjenla en paz -ordenó, peligroso.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Ghislaine L. Bessette el Miér Jul 06, 2011 3:10 pm

Muchas veces se había metido en problemas, tanto sola como con Max, pero era como consecuencia de alguna broma o travesura. Jamás se hubiera imaginado que por no hacer nada, se metería en un problema de semejante magnitud. ¿Que se suponía que debía hacer ahora con aquel espécimen grotesco y vulgar? No parecía muy dispuesto a soltarla y no era como si sus toscas manos tuvieron mucho cuidado al jalonearla. Frunció los labios en una mueca enojada y mientras era arrastrada por aquel hombre y busco con la mirada a alguien a quien pedir ayuda. Tampoco pensaba montar un escándalo ahí, le parecía innecesario y, la verdad, bastante agotador. Con visualizar a alguien de seguridad era suficiente. Pero así como de la nada habían aparecido sacando a Max de la tienda, así mismo habían desaparecido. Soplo un mechón que rozaba su nariz produciéndole comezón y una vez más intento parar en seco para ver si aquello desestabilizaba al primitivo ser contra el que luchaba. La acción resuelto al revés, el siguió caminando tranquilamente mientras que Ghis tropezó y casi cae al suelo de no ser por la fuerte sacudida que le dio el hombre para que se pusiera de pie. El se le quedo mirando con mala cara y luego continuo su camino pero ahora, así una dirección contraria, lo que hizo que Ghislaine se atemorizara. Por un momento se llego a preguntar si conocía a aquel hombre de algún lugar, pero ahora por su cabeza empezaron a pasar millones de ideas, unas peores que las otras.

Sintiendo como su pecho subía y bajaba con agresividad, se ordeno mantener la calma aquel no era un buen momento para sufrir uno de sus crisis asmáticas. Aunque por lo menos tenía su cartera a la mano, lo que quería decir que podría recurrir a su inhalador sin ningún problema. Ahora que pensaba en su cartera, tal vez podría utilizarla para darle un golpe al fortachón y así soltarse de su agarre. Eso le hizo recordar a Ghis una de las fiestas a la que acudió una noche que había discutido con su mejor amigo y que había tenido que recurrir a la fuerza para deshacerse de una fan que había conseguido esa misma noche. Sin la prescencia de Max para sacarla del apuro tuvo que tomar lo primero que tenía cerca para golpear al joven que se empeñaba en besarla, solo que no calculo que estaba agarrando un jarrón chino de gran valor y luego de estrellarlo contra la cabeza del atrevido se reprendió por haber tenido que hacer eso y por huir de la escena sin avisar que había roto el jarrón y dejando al chico en el suelo sin darle ningún tipo de ayuda. Aunque sintió remordimiento por su comportamiento no se arrepintió de aquello, de hecho, mas tarde cuando se lo había contado a un furioso Max este le había dado la razón sobre que había hecho lo mejor, aunque eso no impedía que el chico se sintiera molesto con su joven amiga.

En aquel mismo instante por su cabeza pasaba lo mismo. Era como una película en la cual el protagonista no estaba seguro de qué decisión tomar. Si lo golpeaba…¿Qué haría? ¿Saldría corriendo? Eso quería verlo. No era de las que se le daba la sencilla tarea de correr, pero una vez se dio cuenta que el hombre ahora la llevaba hacia la salida decidió que era hora de considerar ser maratonista, o por lo menos intentarlo. Tomando aire, lo cual se lo torno difícil por la exagerando forma en que estaba respirando, gracias asma, levanto su cartera lo suficiente como para propinarle al troglodita un buen golpe en la cabeza. Esa decisión no la tomo tan rápidamente. Primero evaluó lo que tenia dentro de la cartera y que tanto daño podría ocasionar un golpe con ella y además de, mientras su cartera zumbaba en el aire un enojado grito llamo la atención tanto de ella, como del sorprendido hombre que ahora se giraba a recibir el golpe en toda la cara. El fuerte impacto logro que este cayera de espalda llevándose consigo a Ghis., la cual logro colocar las manos en buena posición para que al caer estas recibieran todo el golpe y no alguna otra parte de su cuerpo.

Levantando la vista sorprendida, busco al dueño de aquella voz que había perturbado al hombre y se encontró mirando los ojos de Max. Sintiéndose atada cual naufrago a su balsa no despego la mirada de la de él mientras tomaba su cartera y se alejaba gateando del hombre que ahora estaba en el suelo tapándose la cara con las manos. Ghis no recordaba que podía haber en su bolso que hubiera ocasionado tal sufrimiento en el, pero se alegraba de que hubiera sucedido así. Sentándose contra una pared miro a su mejor amigo y murmuro con voz agitada – Yo no he hecho nada…- aseguro mientras registraba en su cartera en busca del inhalador, el cual tendría a mano solo por si acaso. Una vez lo encontró lo sostuvo entre sus manos cual salvavidas y cerró los ojos tratando de concentrarse en su respiración, como muchas veces le habían dicho que hiciera.

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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Maximilian A. Gauthier el Miér Jul 06, 2011 4:18 pm

No era del tipo de persona que se involucrase mucho en problemas, mientras los pudiese evitar mucho mejor; para él, mientras con mayor paz se pudiese llevar la vida, mejor. No se consideraba una persona pacífica, el hecho de que no le gustasen muchos los problemas no lo hacía sentirse "pacífico", pero tampoco era un chico problemático, se podía decir que tenía una perfecta combinación de ambas partes. Como toda persona, tenía su carácter -muy fuerte, he de recalcar- y no todos eran capaces de manejarlo. A veces pensaba que su carácter era muy parecido al de su madre, quizás más fuerte pero parecido. La señora Filippa era una persona sumamente irritante cuando se lo proponía, capaz de sacar de sus casillas hasta el más paciente hombre o mujer sobre la faz de la tierra. Era una persona tranquila la mayoría del tiempo, pero si se molestaba, el chico era capaz de dar un solo consejo: Corre y escóndete, porque lo que viene no es nada bueno. Muy a diferencia a sí mismo, su padre poseía un carácter más relajado, quizás de allí partiera el hecho de que aún estuviese casado con su madre, aunque sabía que el amor que se tenían ambos señores también influía mucho. El señor Charles era más del tipo que con una sola sonrisa era capaz de manipularte y manejarte a su antojo, para él todo se solucionaba con una sonrisa. Claro, con distintos tipos de sonrisas; con el paso del tiempo Max había aprendido a diferenciar esas sonrisas, y a temerles en ciertos casos.

No obstante, el carácter más fuerte que podía existir entre su familia era el de su hermana, de eso estaba seguro. Por como lo percibía Max, el caracter de la chica era más intenso que el de él, mucho más, cosa que la hacía parecer de mayor aguante que los demás, es decir, más terca. Por supuesto, a eso se daba su carácter ambicioso, si había algo que ella quería, lo conseguía, y claro, todos en la familia aportaban su granito de arena para que la pequeña de los Gauthier consiguiese lo que fuese que ella quisiera. A veces pensaba que más iguales no podían salir, tanto en físico como en personalidad. Quizás en otra vida, ellos habían sido pareja o algo por el estilo, porque el grado de compenetración que había entre ambos no era normal, era extraño e inusual. Con una sola mirada, ambos eran capaces de saber qué estaba planeando el otro, o que pensaba hacer, o qué estaba pensando. Muchas veces habían sentido lo que el otro sentía, al menos en cuanto a dolores físicos y sentimentales se refería; eran innumerables las veces en las que el joven había sabido cuando a su hermana le dolía algo mucho antes de que ella se lo dijese. Era algo increíble, y quizás mágico.

No se consideraba una persona violenta, es más, pensaba que la violencia no era una solución a los problemas, pero claro, si se lo buscaban él no podía hacer más nada. Que no le gustara no quería decir que no recurriese a ella cuando la necesitaba. No había sido criado para violentar a nadie, su padre se había encargado de criar a su joven hijo en los más puros, específicos y exigentes lineamientos de la caballería y la elegancia. Su hijo debía ser un caballero, tal cual como su padre y él mismo lo eran; lo de la elegancia ya había sido cosa de su madre, pero no podía decir que su padre no lo aprobase en ningún momento. Cualquiera que visitase la casa de los Gauthier se daría cuenta que esa hermosa arquitectura destilaba elegancia por cada rendija que pudiese encontrarse entre las paredes. Cuadros costosos, muebles impecables y caros, vajillas chinas, italianas, francesas y demás, copas de cristal importado, sábanas de la seda más cara que se podía encontrar, alfombras elaborados con productos orgánicos que no por eso le quitaban elegancia a la misma. En fin, todo el lujo que se podía reunir en una mansión. Aún así los niños no se habían visto abrumados por tanta belleza, de hecho, habían crecido igual que los demás, con los mismo permisos, placeres, enseñanzas y creencias que la mayoría de los chicos.

Sin embargo, ahora, viendo a su amiga en semejante situación, no pensaba en nada más que dejar de lado sus creencias y educación y propinarle un buen puñetazo al estúpido que la estaba sosteniendo por el brazo con una fuerza que no era la adecuada para agarrar a una señorita. Apresuró el paso lo más que pudo, gracias al cielo la distancia que los separaba no era muy grande, así que en pocos segundos estaría al lado de Ghislaine dispuesto a salvarla de la situación. Sabía que su amiga era asmática y a juzgar por como subía y bajaba su pecho, ésta comenzaba a hacer acto de presencia. La observó propinarle un golpe en la cara a dicho hombre para después escabullirse hacia una pared cercana. Aún así, Max no pudo evitar enojarse más de lo que ya estaba. Se acercó al hombre que permanecía tirado en el suelo, lo tomó por las solapas de la camisa y lo levantó con toda la fuerza que fue capaz. De repente, como si de un hierro candente se tratase, lo soltó bruscamente y y lo empujó: una clara advertencia de que podía irse de allí por las buenas, o tendría que ser a las malas. Con su mirada fija en el hombre, retrocedió unos pasos y se acercó hasta donde estaba su amiga, llevando una de sus grandes manos hacia la cara de la chica. -¿Estás bien? ¿Te hizo algo? ¿Necesitas atención médica? -murmuró preocupado, paseando su mirada por la cara y el cuerpo de la chica, buscando algún moretón; segundos después sus ojos se detuvieron justo donde el hombre la había sujetado, la zona ya comenzaba a enrojecer más de lo normal. Apretó la mandíbula en un claro gesto de furia contenida.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Ghislaine L. Bessette el Miér Jul 06, 2011 6:08 pm

Ghislaine solo quería permanecer con los ojos cerrados, no importaba cuanto fuera eso. Necesitaba hacerlo, como una medida de escape y como medida de relajación. Uno, dos tres…, contaba cual pequeño tratando de normalizar la agitada respiración. Había pasado bastante tiempo desde que había tenido una de sus crisis de asma, por lo que le resulto irritante a la rubia tener que volver a pasar por eso. Siete, ocho, nueve… Inhala y exhala. Solo tenía que olvidar lo que había pasado, por unos simples segundos, no debía ser tan difícil. Desde que; siendo pequeña; le habían descubierto dicha enfermedad sus padres la había llevado con los mejores especialistas. Todo había comenzado con un asma alérgica, pero poco a poco fue empeorando. Ahora no era solo eran cosas y olores, sino también situaciones las que activaban en Ghis aquella incomoda enfermedad. Había viajado a vario países tratando de encontrar algo más sencillo que estar llevando siempre un inhalador encima y aunque ella perdió la fe en medio viaje, su padre seguía creyendo en el poder del dinero. Veinte, Veintiuno… No era pesimismo, era entender que solo había una manera de controlar su enfermedad, y era con un inhalador. Mantenerse alejada de las emociones fuertes también ser viviría, pero tampoco podríamos decir que la rubia se había buscado aquello.

Treinta y cuatro… El escuchar un golpe seco la hizo detener su cuenta para abrir los ojos asustada. El hombre volvía a caer al suelo y su mejor amigo, que antes se encontraba bastante distante ahora se encontraba delante de ella. Dedicándole una mirada a aquella cara que le era tan conocida pero a la vez tan extraña y prefiero anclarse en sus ojos, aquellos que no habían cambiado con el paso de los años. Aquellos ojos le dieron una paz que jamás encontraría en ningún otro lugar, se sintió tranquila, a salvo. Cuando él le lanzo aquel conjunto de preguntas cambio la dirección de su mirada al hombre que se alejaba rápidamente de ahí. Algo dentro de Ghis le hizo preguntarse si aquel hombre no necesitaría ayuda. Era imposible que no saliera a la luz su lado humanista. – Estoy bien…- aseguro sin creérselo del todo, mientras componía una sonrisa para darle credibilidad a lo que decía. Colocando una mano sobre la de Max regreso la mirada hacia él para notar que el miraba con la mandíbula apretada su ahora rojo antebrazo. Ciertamente podía decir que si no lo hubiera visto, no hubiera sentido el dolor que apareció como si solo hubiera estado esperando el momento oportuno. Ghis aparto su delicada mano y la coloco sobre el rostro de su amigo obligándolo a que mirara en su dirección. – Estoy bien…- Le dijo sin apartar los ojos de los de él.

Movió el enrojecido brazo y lo coloco contra su pecho, cual madre acuna a su bebe y sintió que debía decir algo para romper el tenso momento. – ¿A que le he dado un buen golpe? – Comentó entrecortadamente con una sonrisa - Después dicen que las grandes carteras de las mujeres no sirven para nada.- le giño un ojo traviesamente mientras dirigía una nueva mirada hacia la dirección por donde había desaparecido el hombre. Todavía no entendí que buscaba. ¿Intentaba robarla? ¿Secuestrarla? Ahora no era buen momento para pensar en eso, y mucho menos para comentarlo con Max, su mirada parecía desprender fuego. – Vayámonos de aquí por favor… - le dijo preocupada aun normalizando su respiración. No sabía a dónde se había ido aquel espécimen y esperaba, más que nada, que no hubiera ido a llorar a los pies de sus amigos.Acariciando una vez el rostro de Max, coloco nuevamente el inhalador dentro del bolso y apoyo las manos en el suelo para levantarse. Acción que fue rechazada, tanto por sus rasguñadas manos como por su adolorido brazo, por lo que cayó al suelo en la poca distancia que había logrado alzarse. Lanzo un suspiro por lo bajo he intento pararse de otra manera escondiendo de la vista de su amigo aquellas pequeñas pero dolorosas heridas. Sabía que se estaba comportando como una niña, pero no quería que el se preocupará más.

Eso le hizo acordar las veces en que tenía sus crisis. No importaba cuán lejos estuviera uno del otro o cuan ocupados estuviera, el siempre corría para estar con ella cuando esa terrible enfermedad obstruía sus vías respiratorias. En aquel momento se sintió como la Ghis adolescente que se dejaba atender por su mejor amigo así se tratara solamente de un dolor de cabeza. Pero aunque así lo sintiera, no era totalmente igual. Los años habían pasado… y habían pasado con ellos dos separados. No importaba cuando doloroso fuera, era la verdad. Por eso lo primero que se le había ocurrido hacer apenas lo vio fue excusarse, tanto para explicárselo a él como para creérselo ella misma. Dice que el tiempo cambia las cosas, pero cuando Ghis veía sus ojos, encontraba al Max que tanto había añorado. ¿Estaría ahí el Max del que se había enamorado?


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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Maximilian A. Gauthier el Jue Jul 07, 2011 3:38 am

La mirada chocolate del joven se paseaba por cada rincón del cuerpo de su amiga, buscando una razón para sustentar el instinto asesino que estaba naciendo dentro de él y que no sabía que tenía. Allí, donde estaba, las ganas de correr detrás de el espécimen más parecido a un troglodita que a un humano racional y consciente, eran muchas; sus piernas aclamaban porque se levantara y echara a correr detrás del hombre, no le importaba con quién se encontraría, o si el tipo tenía alguna cuadrilla que de seguro lo estaba esperando, que era lo más probable, no le interesaba, solo quería descuartizarle miembro por miembro por haberle hecho eso a una mujer, pero más especialmente, a ella, que era intocable. Max era una persona demasiado posesiva y, cuando lograba agarrarle cariño a una persona, se volvía su casi guardaespaldas -claro, no tan literal-. No se la pasaba detrás de dicha persona todo el día, él también tenía una vida, pero solo faltaba una llamada para que el chico se apareciese de inmediato en el lugar dispuesto a ejercer su posición de "guardaespaldas"; no frecuentaba resolver los problemas con puñetazos, pues con su sola presencia imponía respeto, pero cuando debía usarlos los usaba, para qué negarlo, justo como en ese momento. El solo observar a Ghis en ese estado lo enfurecía más de lo que ya estaba. Max era una persona demasiado impulsiva en cuanto a sus emociones, sobre todo con las emociones fuertes, solía actuar sin pensarlo solo se dejaba llevar por su instinto masculino y más promitivo, las consecuencias las sufriría después. Y su instinto le decía que debía ir y cobrar venganza por semejante mal rato que le habían hecho pasar a la chica.

Sus ojos chocolate se desviaron hacia dónde se había ido el tipo, e hizo ademán de levantarse, pero el solo hecho de saber lo alterada que estaba ella lo detuvo. No era buen momento para ir y propinar unos cuantos golpesitos por aquí y por allá, ya tendría tiempo para eso más tarde. Porque sí, eso no se iba a quedar así, no señor. Volvió a su antigua tarea, deteniéndose de vez en cuando en el brazo magullado que tenía; podía reconocer perfectamente los grandes dedos del hombre marcados en el brazo de su amiga, el cual ya había enrojecido demasiado para su gusto. Algo le decía que más adelante se formaría un morado en esa zona. -¿Estás segura? -preguntó nuevamente, elevando la mirada hacia la de ella cuando ella colocó su mano en su rostro, obligándolo a mirarla. Y ahora, al observar esos hermosos ojos que lo habían cautivado varias veces durante su adolescencia y que solo ahora era capaz de reconocer, no podía resistir la tentación de perderse en ellos y buscar la tranquilidad que tanto añoraba y que no consiguió el tiempo que no supo de ella. -El hospital no queda nada lejos. Podríamos ir y hacer que te revisen ese brazo -señaló el brazo que ella estaba acunando en su pecho como si de un bebé se tratase.

No fue consciente de la multitud curiosa que comenzaba a arremolinarse a su alrededor con sed de chisme, hasta ese momento. Podía escuchar los murmullos a su espalda; algunos eran más descarados y gritaban cosas que él no se atrevería a repetir, no sin perder su educación. Sabía que, a donde fuera, lo reconocerían, no solo por su profesión sino por la amplia gama de amigos que tenían sus padres. Apostaba mil dólares a que conocían a toda Nueva York, o al menos los tenían anotados en su agenda. Muchas veces había visto a su madre recurrir a su agenda telefónica cuando no sabía cómo se llamaba una persona, o cuando necesitaba pedir un favor. No es que fuera malo hacerlo, pero él lo consideraba un poco extraño; muchas veces le había preguntado qué hacía con tantos números que después no iba a llamar ni en un año entero. Su respuesta siempre había sido la misma: "No sabemos cuándo necesitaremos de estas personas, hijo. Es mejor pecar de precavido que de olvidadizo". Por supuesto, para un chico de quince años, esa frase no representaba mucho, no la tomaba en cuenta; en cambio, ahora que ya poseía veintidos añotes entendía en todo su esplendor dicha frase. El jaleo que se formaba alrededor de ambos comenzaba a hacerse más ruidoso y fastidioso, cosa que lo estaba molestando.

-Por supuesto que le diste una buena -aseguró, permitiéndose sonreír levemente de lado. -Esa es mi chica -con el pecho hinchándosele del orgullo. A pesar de que las pequeñas clases de defensa personal que le había dado él a su hermana y a Ghis no la habían ayudado del todo en ese momento, se enorgullecía de que la chica hubiese usado lo que tenía a la mano para defenderse, o al menos ganar un poco de tiempo. De él no haber estado cerca, eso hubiese sido un movimiento crucial que definiría el bienestar de ella; para suerte de ambos, él había estado cerca. La observó intentar levantarse, para después volver a caer al suelo. Sin preguntárselo ni porponérselo, pasó uno de sus brazos por su espalda y el otro por la curvatura de sus rodillas, y acomodándose él, la levanto en brazos del suelo. Ese simple momvimiento lo hizo volver a los momentos de su adolescencia, cuando ella se dejaba atender por él sin ningún reparo. Debía admitir que añoraba esas épocas. -¿Confías en mí? -preguntó, a pesar de que sabía cual sería su respuesta. De todas formas, sintió la necesidad de preguntar, había sido grande el tiempo que habían pasado separados, y no sabía que tanto había cambiado ella para con él. -Te llevaré a un lugar seguro -aseguró. Sin esperar por su respuesta, se encaminó hacia la tienda que él había frecuentado minutos antes, abriéndose paso por entre los chismosos que los rodeaban.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Ghislaine L. Bessette el Sáb Jul 09, 2011 12:02 pm

¡Qué dulce era la vida! Como todas las cosas sucedían como una pequeña secuencia de la película de las vidas. Como todo estaba perfectamente encadenado, a veces quitando y otras veces devolviendo. Aquellos pensamientos pasaban por aquel momento por la cabeza de la rubia, al contemplar a su amigo tan cerca de ella. Muchas veces, después de que el partiera ocasionando aquella distancia que los separo, se imaginaba como sería volver a encontrarlo. Aunque también se imaginaba como seria no verlo nunca más. Decir que no extrañaba los viejos momentos seria una mentira, ya que los añoraba tanto como lo añoraba a él. Recordaba cada uno de los momentos que durante la infancia y adolescencia vivo con él, y con Amy, la pequeña de los Gauthier quien se había comportado como una hermana más. Nunca había tenido con ella la misma relación que tenia con Max, pero se acercaba mucho. La quería tanto, que ha ella también la había extrañado durante todos esos años. Quería volver a verla y compartir con ella, ya que, aunque fuera un año mayor que Ghis, ella la veía como una hermana menor. Mirar nuevamente los ojos de su amigo le hacía volver al pasado, pero tenía que reaccionar, eso no era el pasado y tampoco quería que todo fuera igual al pasado, si no mejor. Observo cuando el aparto la vista de ella mirando furioso hacia el lugar donde había escapado aquel hombre que había actuado sin; por lo menos para Ghis; una razón justificable o entendible, y sintió la furia que emanaba su amigo. Con acariciar su mejilla buscaba un distracción en el, una manera de que olvidara que había sucedido.

No es necesario ir al hospital…- Comentó negando la cabeza exageradamente, desde que era pequeña le había tomado pánico a ellos. Bueno, en realidad no era un pánico paralizante, pero era una especie de incomodidad, casi llegando a considerarse claustrofobia. Teniendo que pasar casi todo su vida de medico en medio lo único que detestaba más que los hospitales era su enfermedad. – No importa si solo tienes un dolor de cabeza, siempre quieren hacer una análisis de sangre…- comento con un bufido molesto – Parecen vampiros…- concluyó con un puchero infantil.En realidad su propio miedo a los hospitales era infantil, pero ella intentaba no prestarle atención, ya que el día en que puso fin al interés de su padre en buscar una solución a su enfermedad, juro que no volvería a entrar a uno. ¿Acaso no era normal? ¿A quién le gustaría pasar toda su vida pasando por exámenes? Desde luego a ella no, y aunque tuvo que esperar la mayoría de edad para que voz fuera realmente odia, no espero ni un segundo para poner fin a aquel sufrimiento. Odiaba hacerse ilusiones una y otra vez, y en todo caso , todavía seguiría viviendo. O por lo menos eso esperaba.. Desde algún tiempo así el presente, Ghis había estado sufriendo ataques más continuos. Su asma había comenzado con un asma alérgica, pero había ido empeorando llegando a sufrir crisis también emocionales. No sabía el porqué, pero no le gustaba nada. También había asistido a clases de relajación, acciones que implementaba cuando sentía que una crisis estaba por comenzar, para eso también practicaba yoga, pero normalmente era el inhalador lo que la ayudaba.

Aparto la vista azorada al comentar el comentario de ser “su chica”, se sentía tan bien después de tantos tiempos volver a ser su chica, aunque literalmente nunca lo fue, siempre era la amiga que iba a su lado, pero nunca la habían llamado su chica. Hizo un pequeño movimiento con la cabeza y eso le hizo que se diera cuenta de la pequeña multitud que se estaba acercando curiosa.- Estos son otro tipo de vampiros…- se quejo y ahogo un grito cuando Max la levanto en brazos. Sosteniéndose a él como si fuera una doncella siendo rescatada por su príncipe y lo observó fijamente cuando él le pregunto por su confianza hacia él. Tomando nuevamente su cara entre la mano que tenia disponible, pues la otra se sostenía firmemente a él, obligo a que la mirara esta vez no de manera tan suave.- Sabes que confió en ti…- le dijo con seguridad y un poco de molestia.- Mi confianza en ti nunca ha cambiado…- murmuro soltado su rostro para que mirara por donde caminara.


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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Maximilian A. Gauthier el Lun Jul 11, 2011 1:45 pm

Si de por sí abrirse paso entre una multitud chismosa él solo le costaba, imagínense lo difícil que debía ser mientras cargaba a su mejor amiga. La chica no pesaba, lo estaba comprobando, y ese pensamiento lo hizo preocuparse un poco más, ¿será que su amiga no estaba comiendo como era debido? Se grabó esa pregunta a fuego en la mente, después, cuando el momento fuese propicio para, se lo preguntaría, y de obtener una respuesta desfavorable, usaría sus encantos para persuadirla. Solo esperaba que no estuviese siguiendo una de esas dietas que a las mujeres les gustaba seguir para verse mejor, cuando en realidad lo que hacían era ponerse esqueléticas y perdían todo su encanto y su atractivo. Aunque, Ghis no estaba ni menos bonita ni mucho menos, es más, a juzgar por cómo él la recordaba de su adolescencia la chica había dado un giro inmenso durante el período de tiempo que habían pasado sin verse. Se notaba que la naturaleza había sido generosa con ella, y Max lo había apreciado el primer día que la vio de nuevo. Tampoco era que no apreciase lo que la chica llevaba dentro, pero vamos, era un hombre y la carne es débil, sumamente débil. En esos momentos, agradecía haber asistido durante años al gimnasio y haber escuchado las locas pero sabias indicaciones de sus entrenadores, gracias a eso él tenía la fuerza suficiente como para poder llevarla en brazos a un lugar que él consideraba seguro y donde sabía la tratarían bien.

Su mirada se mantuvo fija en el frente mientras se abría paso entre la multitud, no obstante eso no duró mucho. Se vio obligado a verla a los ojos cuando tomó su barbilla y la giró hacia ella. Si antes sus ojos le habían parecido lindos, ahora, que los tenía tan cerca, le parecían demasiado atrayentes para su gusto y salud mental, no le gustaba para nada verse atrapado por algo o por alguien, mucho menos demostrarlo, sería darle armas a alguien para que lo destruyese. Aunque él sabía que Ghis no sería capaz de destruirlo, o de hacerle algún daño, pero aún así mantenía ese tipo de sentimientos bajo cuatro llaves dentro de su subconsciente, porque ni él mismo era capaz de admitirlos. No obstante, no siempre es necesario admitirlo para demostrarlo, y su hermana se lo había dicho. A pesar de que él se lo había negado miles de veces a su hermana, ella seguía con la loca idea de que él sentía algo más que amistad por su rubia amiga. Frunció un poco el ceño ante el coraje y decisión que la chica transmitía a través de su mirada. -Me parece bien que lo hagas. De todas formas tenía que preguntarlo -se justificó sin necesidad, quizás con un poco de brusquedad, más de la que esperaba. Los ánimos de ambos estaban un poco crispados, y quizás eso había favorecido que respuestas tan secas y chocantes hubiesen sido emitidas de sus bocas; por su parte, no había medido sus palabras ni sabía si habían tenido repercusiones en ella, ni le importaba, solo quería sacarla de allí.

Se estaba distrayendo un poco de su caminar, y eso podía costarle un tropezón. Dicho y hecho. Unos minutos más tarde, estando cerca de la tienda, se enredó con sus pies y estuvo a punto de irse de bruces al suelo junto con Ghislaine, pero tuvo los reflejos suficientes como para evitar dicha caída y recuperarse un poco. Cuando pasaron por debajo de la puerta de entrada, la típica brisa que había en la mayoría de los locales, les sacudió el pelo a los dos, despeinándolos un poco. No obstante, Max no el paró a eso y se dirigió hacia una puerta trasera que se encontraba detrás de unos estantes, era la puerta que daba a la sala de empleados, donde los chicos comían, descansaban un rato, guardaban sus cosas y demás. Un muchacho rubio pecosos y de grandes ojos azules lo miró con cierta confusión y sorpresa, pero bastó una mirada significativa de Max para que el joven sonriera y asintiera levemente, después salió de la habitación. Se acercó a uno de los sofás y depositó allí a la rubia con cuidado, asegurándose de ser lo suficientemente delicado con ella. -¿Te sientes mejor? -preguntó, señalando con la cabeza el inhalador que aún estaba entre la mano de la chica.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Ghislaine L. Bessette el Mar Jul 19, 2011 11:53 am

El pasado era el pasado. Todo lo que quedara luego de dar un paso mas, era historia. Bueno, no todo. Intentar explicar esto era un poco complicado, pero Ghis estaba segura de que eso era lo que sucedía. Aunque a pesar de todo, la rubia sabía que algo había cambiado en su relación con Max. Los sentimientos que sentía hacia el habían quedado detenidos en el tiempo, ocultos en algún lugar, y ahora ellos habían regresado así como el había regresado a su vida. Obviamente en tanto tiempo de separación había salido con otras personas, pero nunca llego más allá. Y no es porque se considerara mujeriega, sino, porque, según su hermano, ella era un hueso duro de roer. Ella no estaba completamente segura de eso, lo que si sabía era que nunca encontraba en estos hombres ese “noseque” que ella quería. Que necesitaba. Hasta ahora solo lo había encontrado en alguien, y a la rubia le inquietaba saber porque era ese constante empeño de su corazón decidirlo de esa manera. ¿Por qué a pesar del tiempo aquello seguía intacto? Dejar pasar aquello era lo mejor, pero a Ghis le molestaba saber que al mirar nuevamente aquellos fuertes ojos chocolates lograban acelerar su corazón, más que el reciente suceso.

De alguna manera sentía que los viejos momentos regresaban, aunque también sentía que había una barrera separándolos. Una barrera que le gustaría golpear para desquitarse por el tiempo perdido, por lo que había separado y por lo que estaba evitando. Deseaba golpearlo tan fuerte que se le iría la vida en ello, pero lograría derrumbarlo. Tenía que lograrlo. Aquello buenos momentos no podían quedarse en el pasado. No podía morir algo que había resultado tan hermoso ahora que tenían la oportunidad de retomarlo. No en el mismo lugar donde lo habían dejado, pero algo se podía construir. Actuar de la misma manera que antes estaba fuera de lugar, por lo menos en aquel instante. No sabía que tanto de la antigua Max quedaba en él, y que tanto del antiguo Max siguiera soportando a Ghis. La rubia, personalmente, sabía que físicamente había cambiado mucho, para sorpresa de muchos y disgustos de otros, pero su actitud seguía siendo la misma. Tal vez era un poco más madura, centrada y con un carácter que era difícil de tratar, pero seguía siendo bromista, dulce y coqueta. Bueno, realmente había cosas que nunca cambiaban.

Escuchar el tono brusco con que le contesto la hizo ponerse a la defensiva, aunque lo evito, podría jurar que lo evito, pero simplemente era así, tan cierto como ver una arco iris después de la tormenta. Se cruzo de brazos y mordió el interior de sus mejillas, ciertamente, si, había cosas que no cambiaban. Una vez más se pregunto cómo era el Max que ahora la sostenía. Seguiría siendo aquel al que ella adoraba, aquel del que se había enamorado, de aquel que ahora le volvía loca. Sus apresurados pensamientos no evitaron que cuando Max tropezó ella se agarra a él como si su vida dependiera de ellos. Permaneció abrazada a él hasta que, una vez dentro de la tienda, recordó que estaba molesta con él. Aunque sus peleas siempre habían resultado ser estúpidas, era indispensable molestarse. Aunque no siempre lo conseguía con éxito, ya que casi se le escapa una sonrisa al ver la mirada que le dirigió al joven que se encontraba en la zona de descanso. Ahora que caía en cuenta se preguntaba que hacía en aquel lugar.

Lo que si no pudo evitar fue que su molestia disminuyera cuando él la dejo tan delicadamente sobre aquel sofá. Le dirigió una mirada penetrante como si así lograra analizar sus acciones, luego la aparto cuando él le pregunto por su no expresa crisis. Su respiración se había ido normalizando, pero la presión en su pecho seguía, aquella exigente necesidad de tomar bocanada de aire, pero, que sabía muy bien, no la ayudaría en nada. No había mejor solución que usar el inhalador, pero no le gustaba mostrarse tan débil, lo odia. Con la mirada gacha en dirección hacia el aparato, simplemente asintió en respuesta. – Mejor…- se atrevió a susurrar, como si aquello explicara todo. Con el tiempo había aprendido que, por más cruel que sonara, nunca estaría bien, simplemente mejor. Aunque realmente debía agradecer que en el último mes no hubiera tenido la necesidad de estar internada. Bueno, había sucedido un incidente pero no había sido tan importante como la exagerada respuesta que mostraron sus compañeras de trabajo, dejándola acostada en la sala de descanso hasta que termino su turno.

Ciertamente ser la hija de una de las accionistas de la clínica, y además su jefa, tenía muchas ventajas, pero Ghis sabía lo que era la importancia del trabajo y no aprovechaba cada oportunidad para explotar su condición. Una de las tantas razones era porque adoraba su trabajo. Aunque odiara las clínicas, hospitales y cualquiera de sus similares por su trabajo era capaz de soportar aquello. Era simplemente tan hermoso atender a mujeres embarazadas y ver la emoción de sus rostros, aquél brillo de esperanza y amor. Había asistido también a varios partos, solo como observadora y podía decir que daría todo por su trabajo. Decir que adoraba los niños iba más allá de lo que sentía, porque además de eso adoraba ver la vida en ellos. Saber que esa pequeña criatura seria el fruto de un nuevo mundo la hacia cruzar, todos los días, las puertas de la clínica. Pensar en esto le hizo recordar la apremiante necesidad que sintió en el tono de voz de Max cuando se ofreció a llevarla a un hospital. Había dicho que no por millones de motivos, pero ahora que lo pensaba mejor aquello seria una alarma inmediata para su familia, no por nada decían que todos los médicos se conocían. Y el escándalo que montarían por lo sucedió seria extremo. Ya se enterarían cuando las aguas se tranquilizaran.

Le dirigió otra mirada a Max y le molesto el pequeño silencio que se había instalado, así que estirando una mano palmeo el sofá como una seña para que se sentara a su lado. Mirarlo todavía de pie le hizo pensar que tal vez se tendría que ir pronto, en realidad ni quiera sabia si le estaba haciendo perder el tiempo. Retuvo una maldición por lo millones de pensamientos que se disparaban en su cabeza cuando estaba cerca de él. Revolviéndose el cabello suspiro ofuscada. – ¿Estas molesto conmigo? – le pregunto sin poder evitarlo. Oh si, nada había cambiado en ella.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Maximilian A. Gauthier el Dom Jul 31, 2011 9:16 am

A cualquiera que mirase al chico en ese momento se podía dar cuenta de la tensión que rodeaba su cuerpo, se podía notar como sus músculos estaban contraídos uno encima de otro dándole un aspecto de rudeza al joven. Su ceño estaba estirado, más en una mueca de indiferencia que en otra cosa; a través de su camisa se marcaban los músculos de sus brazos, los cuales estaban muy bien cruzados en su pecho, fuerte, como si de unas grandes cadenas se tratasen. Pero la gran batalla se libraba en su cabeza. Sabía que no era justo para ella que él estuviese enojado de esa forma y menos cuando ninguno de los dos tenía la culpa, Max simplemente estaba drenando el estrés y todas las emociones contenidas que había reprimido hacía unos minutos atrás, reprimiéndose a sí mismo su estupidez al haberle hecho semejante pregunta a Ghis minutos atrás. Sin embargo, una pequeña parte de su cabeza le decía que esa furia estaba muy bien enfundada, que se lo merecía por haberle respondido de esa forma cuando él solo estaba tratando de ser amable y preocuparse por ella, por supuesto esa era su parte más egoísta. Y fue en ese momento cuando fue consciente de todo: la relación entre ellos había cambiado bastante, quizás más de lo que le gustaba y de lo que quería admitir.

En tiempos anteriores, ese tipo de peleas no habrían ocurrido, no por cosas tan estúpidas como una simple pregunta o los arrebatos egoístas del chico. O quizás sí habría pasado, pero a los cinco minutos ya estarían riéndose de todo el asunto y así dar por terminada la pelea; en este caso, Max calculaba que habían pasado unos veinte minutos y no se veía una reconciliación de esa manera en el futuro inmediato que los rodearía. Y lo odió, odió al tiempo por haber pasado, a la vida por haberlos separados hacía unos años atrás, pero más aún se odió a sí mismo por no haberse opuesto a esa mudanza, por no haber ganado tiempo de alguna forma. Ahora estaba sufriendo las consecuencias, y dudaba que las cosas entre ellos pudiesen volver a ser como antes. Aún parado frente a ella, la miró un momento a los ojos con muchos sentimientos encontrados escondidos debajo de una capa de indiferencia un tanto débil, capaz de caerse ante el más mínimo movimiento, no tenía ganas de mantenerla, no quería ni iba a esforzarse para eso. -Perfecto. -murmuró ante su respuesta sobre su estado de salud. Al menos, se había una preocupación de encima; si había algo que le interesaba más por encima de cualquier furia que pudiese sentir era ver bien a su amiga.

Volvió a apretar la mandíbula cuando un tumulto de recuerdos lo abordaron, recuerdos de ellos dos pequeños, jóvenes, jugando como los dos inocentes que eran. Debía admitir que esos tiempos eran bonitos, en lo que cabía. Recordaba como muchas veces él había tenido que jugar solo porque no pensaba jugar a las muñecas con su hermana y su mejor amiga, pero al final del día ella siempre iba hacia donde estaba él y se reían un rato antes de que ella tuviese que irse a su casa. Una sola vez se había quedado Ghis en su casa y fue por obra de Amy, por supuesto él no se había acercado jamás a la habitación de su hermana ese día por órdenes expresas de ella, pero no podía negar que había tenido curiosidad de saber que estaban haciendo, claro, nunca se enteró. Durante su adolescencia los lazos entre ellos se habían estrechado un poco más, pero justo cuando todo iba bien, su padre anunció la mudanza de la familia a un continente diferente. Recordaba como se había resignado y no había pedido explicaciones de ningún tipo, cegado por las maravillas que le pintaba su madre sobre Estados Unidos. Que tonto había sido. La miró fijamente a los ojos y suspiró. Dio unos cuantos pasos hacia ella y se sentó a su lado. -¿Tendría por qué estarlo? -preguntó, un tanto suspicaz.
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Re: Misión imposible {Privado}

Mensaje por Ghislaine L. Bessette el Lun Ago 01, 2011 5:33 pm

Movió los hombros en señal de cansancio. Cansancio por lo que había sucedido y por lo que estaba sucediendo. Parecían dos crías, uno en frente del otro discutiendo silenciosamente por nada. Desde el día que lo había visto en aquella fiesta solo deseaba volver a los viejos tiempos. Aquellos en los que apenas lo veía saltaba a sus brazos para saludarlo, aquellos en los que pasaban horas y horas juntos y cuando era tiempo de volver a casa se despedían como si de aquello dependiera sus vidas, o las noches que pasaban en vela, y aunque el único medio de comunicación en esos casos fuera un teléfono, podía pasar horas riéndose únicamente de la respiración del otro. ¿Dónde habían quedado aquellos hermosos momentos? En el pasado, claro. ¿Pero debían quedarse allá? No podían regresar ahora que tenían la maravillosa oportunidad de reencontrarse. Como negarlo, Ghis había soñado con ese reencuentro por años y, se lo había imaginado de millones de maneras, pero nada se comparaba lo que estaba pasando ahora. ¿Qué era lo que había cambiado? Porque, la rubia lucharía contra todo para recuperar todas esas cosas que había perdido.

Por un momento recordó como había sido la despedida, no sabía porque ahora regresaban esos pensamientos que habían pasado unos cuantos años apareciendo a cada momento hasta que habían quedado opacados por el pasar del tiempo. Recordó que ese día había prometido no llorar, suficientes había derramado desde que Max le había dado la noticia, pero aun así había llorado. En uno de sus arranques de colore por lo injusto de la situación se había prometido, entre las lagrimas que acudían en la noche cuando intentaba conciliar el sueño en la cama, que lo olvidaría y así olvidaría el dolor que aquello le producía. Pero era tan imposible como encontrar perlas entre los cerdos. Prometió que sería fuerte ante su partida, prometió que pronto se encontraría, prometió tanto pero nada se cumplió. Fue una niña al creer que ese hasta luego se cumpliría en un abrir y cerrar de ojos, pero poco a poco se había ido quedando atrás aquellas palabras para ser remplazadas por las cotidianidades del día a día, aquellas que no permitían pensar en nada más.

Aquellos pensamientos solo habían logrado que sus ojos se empañaran, así que pestañeando varias veces le ordeno a aquellas lágrimas que esperaran el tiempo suficiente para luego, en el lugar indicado, dejarlas salir. No era de aquellas que consideraba que llorar era para débiles, por el contrario, el llorar era para aquellos que eran capaces de reconocer que había algo mal o algo que incomodaba lo que era conocido como perfecto, y reconocer aquello era mucho más importante y mas valedero que aquel que se empeñaba en guardar sus lagrimas y utilizar un orgullo fingido sin reconocer errores. ¿Qué de malo tenia llorar? Simplemente servía para desahogar, soltar todo aquello que por dentro se llevara y entender en una supuesta paz que había algo que corregir y arreglar. La solución vendría después, pero no mientras la carga de lo que sucedía estuviera empujando una y otra vez hasta lograr derrumbarnos de la peor manera. Ella no se arrepentía de sus lagrimas, oh no, nunca lo haría.

Lo observo acercarse hasta ella, eso era un avance ¿no? Ella no quería estar en aquellas circunstancias con él. En realidad se había imaginado que entraría en aquella tienda, lo saludaría y terminarían en un café hablando sobre el tiempo que habían estado ausentes uno en la vida del otro. Pero no, ahí estaban, en la parte de atrás de una tienda, sentados en un sillón enfurruñados como dos pequeños extraños. Las cosas no eran así antes, se repitió por milésima vez, si las cosas fueran como antes…Tal vez, tal vez ahí estaba el problema pensó Ghis. Ella solo se empañaba que las cosas regresaran a como habían sido antes, pero, en realidad, no podía negar que habían pasado años antes de que se reencontraran, años en los que cada uno vivió la vida que les correspondía y la que quisieron vivir. Era totalmente egoísta de su parte querer volver a las cosas simples del pasado cuando las personas que ahora están en ese cuarto eran muy diferentes a las que habían sido. O tal vez no, seguían siendo el mismo, pero el contexto había variado. ¿Cómo podía molestar ella porque él tuviera las mismas dudas, recuerdos y anhelos que ella? Porque, por el amor de Dios, ella lo conocía como si fuera la palma de su mano, el tiempo no podía haber cambiado eso, ella sabía que detrás de aquel muro que los separaba estaba el mismo Max, al que adoraba, con sus cambios y nuevas facetas, pero era el, de lo contrario ni la mente ni su corazón de Ghis lo hubieran reconocido como lo hicieron la noche en que se reencontraron.

-N-No… No lo sé…- intento responder su pregunta luego de algunos pucheros y mordiscos a su labio inferior. Ahora que entendía que el pasado no volvería le hacía sentir indefensa. –Yo... no quiero que lo estés…- respondió tocándose inconscientemente el lóbulo de la oreja, como hacia siempre que sus sentimientos iban por encima de la razón.- Ni tampoco quiero estarlo… - Había dentro de ella una necesidad enorme por aquellos momentos estar en los brazos de el y poder hundir la cabeza en su pecho para drenar aquellas lagrimas que amenazaban con asaltar su supuesta tranquilidad. Tal vez era por lo que acababa de pasar, o por lo que pasaba ahora, pero solo sabía que odiaba aquella situación. – ¿Podríamos hablar sobre ello o…-agrego- simplemente olvidarlo? – pregunto mirando sus cálidos ojos, ahora que lo tenía sentado al lado. – No quiero que estemos este así…- comento encogiéndose de hombros, aunque después se corrigió- No quiero que comencemos así…- concluyo con aquellas indecisas palabras que habían salido de su boca.
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Ghislaine L. Bessette
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Re: Misión imposible {Privado}

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